Por R Mena-Martínez Castro

In memoriam: Sara Cornejo Rovaletti de Usandivaras

Ha fallecido el día 8 de enero de este año, poniendo de luto a numerosas familias de Salta
viernes, 11 de enero de 2019 · 16:44

SALTA (Por R. Mena Martínez Castro). Ha fallecido el día 8 de enero de este año, la señora Sara Cornejo Rovaletti de Usandivaras poniendo de luto a numerosas familias de Salta. Pertenecía ella a esa augusta encarnación de las matronas de la patria, donde se conjugaban todas las virtudes puras y sencillas de antaño. No necesitamos volver la mirada hacia otros lares, pues aquí en esta tierra salteña, se fusionaron en ella, todas las aristocracias y todas las gracias de las matronas que hicieron grande nuestro suelo. En ella misma a no dudarlo, se condensaba como si fuera el labio de sus progenitores, toda la historia de Salta vivida por sus padres y abuelos, llevando a sus espaldas el sello de su propia tradición.

Sarita como le llamaban sus amigos, era hija de don Juan Esteban Cornejo Arias y de doña Sara Marta Celina Rovaletti Aparicio. Fue don Juan Esteban, un destacado productor agropecuario, habiéndose desempeñado como administrador de las fincas La Hoyada y El Aybal. En su faz de hombre público fue diputado provincial (1932 a 1933) por el departamento de Anta, luego intendente Municipal de esta ciudad (1933-1935), para luego ser nombrado por el Poder Ejecutivo Nacional, para el cargo de Gobernador del territorio Nacional de Los Andes (1936-1938). Habiendo sido nombrado para un segundo período, no pudo efectivizarlo debido a su fallecimiento en Huanca, (territorio Nacional de Los Andes). Murió cumpliendo su sacrificado deber, en las extremas soledades de la puna, donde existe un monolito que recuerda su presencia. Tal era su bonhomía con los habitantes, que era llamado cariñosamente tío Juanito. Fue también un precursor en la provincia de los emprendimientos borateros exportados hacia Alemania y Japón.

Sara cornejo nace en finca El Aybal el 17/1/1922 y casó con don Agustín Félix Usandivaras Benítez en la iglesia Catedral un 28 de agosto de 1943. Dentro de esta distinguida progenie, la semilla originaria cayó en tierra fértil, y desde la cual, en el transcurso de los tiempos, habrían de alzarse pródigos descendientes.

Hablamos entonces de sus abuelos- la semilla que la antecede- nombrando aquí a don Giovanni Antonio Rovaletti y Pastora Aparicio. Giovanni gozó de gran prestigio en esta ciudad como así también en la vecina Tucumán.

Fue Sarita docente recibida con distinguido promedio, vicepresidenta primera y luego presidenta de la Liga de Madres de la parroquia La Merced, pero su alma sensible le impulsó a trabajar por aquellos que menos tienen en la Fundación 20 de Junio.

Trabajó asimismo como maestra de sexto grado en la escuela Alberdi para luego ejercer las funciones de profesora de historia, geografía, castellano y matemática en la Escuela Profesional de Mujeres de Salta, transformada luego en Escuela Técnica Martina Silva de Gurruchaga.

Las obras pías y de servicio a los humildes, supieron de su quehacer generoso, donde el andrajo era una irreverencia, y el dolor una herida a corregir, siendo la caridad la viva imagen de Dios. En ella, en su conversación y en su don de gentes, parecía resurgir el alma de nuestros abuelos, pero es la muerte la que inflige como un alegato irrebatible, una pausa a su energía indomable.

Palpitan aún en el recuerdo sus pasos ligeros hacia la iglesia a cumplir de manera contundente el llamado de Dios que, a no dudarlo, le espera con esa caridad que sólo Él conoce.

Hacen bien en llorarla, pues con ella pareciera quizá desvanecerse como en un tul imaginario, esos antiguos códigos donde la caridad no sólo es un sentimiento sino también un arte, precisamente en estos momentos de convulsión, donde la desesperanza habita el espíritu de aquellos que sufren, y esperan ver en el Creador el florecimiento de la esperanza.

Amigos y parientes traemos a esta tumba nuestro gran dolor de salteños, pues ha muerto un alto espíritu de privilegio, con las calidades del quilate, dejando un fulgor menos a esta tierra.

 Sus restos fueron despedidos con honda congoja en misa concelebrada por el arzobispo de Salta, monseñor Cargnello.

Sarita ha cumplido todos los preceptos divinos, y es digna de habitar el Edén bendito que le estaba reservado por Él.   

 

 

 

 

Ricardo Mena Martínez Castro

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