UNA INVESTIGACIÓN DEL DR. RICARDO FEDERICO MENA

"Las Calles de Salta y sus nombres": Don Francisco Canaro

El Intransigente comenzó este especial que enorgullece a los salteños. Cada semana una entrega para saber sobre aquellos que nos identifican
lunes, 27 de junio de 2011 · 20:51

                     DON FRANCISCO CANARO

                      MÚSICO DE TANGOS 

         CALLE UBICADA EN ELBARRIO SANTA CECILIA










Hablar de don Francisco Canaro, es hablar de la emoción de un pueblo, de la emoción de una ciudad y en definitiva de la emoción que depara a un sector de la historia y de la sociedad de un país, expresado en el sentimiento de la música.

Francisco Canaro, fue quizá, la leyenda y la vida de un siglo. Fue un período que llenó de asombro a los argentinos, cuando se realizara el cruce del Río de la Plata en avión, y terminara con grandes acontecimientos como la puesta del hombre en la luna.

Francisco Canaro, fue un hombre humilde, nacido en la pobreza, hijo de padres italianos que, una vez desembarcados fueron a cobijarse en los conventillos, que comenzaban a pulular las afueras de Buenos Aires. Al nacer, la partera debido a un jopito con el que había nacido, no exclamó el clásico ¡Varón!, sino que hizo el comentario: ¡Parece un Pirincho!, refiriéndose al conocido pajarillo del copete. Desde entonces el apodo le acompañó durante toda la vida y cohabitó para siempre con su nombre Francisco. Corría el año 1888, y esto ocurría en San José- Uruguay-. Tomó el mismo nombre de su padre, que se trasladara hasta nuestro país, al no haber podido aceptar el triunfo del partido de los Blancos, liderado por Aparicio Saravia. Vivían junto a ocho hermanos, en una pieza de conventillo, cuando aquellos cubículos se alquilaban en 12 pesos, si daban a los fondos, y entre 15 y 18 pesos, si daban a la calle. Tenían un baño para 10,15 o 20 familias, con lavaderos colectivos, donde las mujeres fregaban día y noche, donde eran frecuentes las peleas para ganar la “soga”, donde tender la ropa. Se trataba del inquilinato ubicado en calle Alberti, casi Estados Un idos, en el barrio de San Cristóbal. Los dos mayores, Pirincho y Rafael, como otros niños pobres de los conventillos salían a vender diarios por la ciudad. Los comienzos fueron duros y debieron pelear a golpes de puño, para conseguir la parada donde sus titulares eran “Sapito y “el Pelao”. La disputa terminó en la comisaría, y al ser preguntado Pirincho para que diera una explicación, replicó diciendo:” ¿Porqué hice esto? Porque mis hermanitos están con viruela. El médico les ha dicho a mis padres que si no alquilamos otra pieza, nos vamos a enfermar todos. Y mi padre no tiene dinero”. A todo esto el comisario dio al asunto una solución salomónica: dejó a “los Canaro” en la parada de San Juan y Entre Ríos y al “Pelao” y a “Sapito” en la de Entre Ríos y Garay. Para escapar de la viruela, los Canaro, se mudaron a la calle Sarandí, y allí el zapatero del barrio “Don Chicho” enseñó a Pirincho a tocar la guitarra. Pero Pirincho quería tocar el violín, y luego de fabricar uno con una lata de aceite, construyó otro de madera. Con el primer violín “el puro de oliva” tocó su primer tango” El Llorón”.Alos 16 años abandonó la parada y la venta de diarios, y ejerció el oficio de pintor; habiendo pintado algunas puertas y ventanas del Congreso Nacional; ganaba un jornal de tres pesos con cincuenta. De esta manera pudo ayudar a sus padres, y comprar su primer violín de verdad. Comenzó entonces a tocar en las fiestas de barrio formando un trío con Rodolfo Duclós en el bandoneón y Martín Arrevillaga en el mandolín. Sus primeros trabajos los realizó en casas prostibularias. Luego de algunos inconvenientes, en aquellos sitios, conoció a Vicente Greco, que tocaba el “fueye” de oído, y de quién aprendió mucho. Vicente Greco, fue uno de los pilares del tango.

El año 1906, ofrecía pocos lugares para esta música, de manera que volvió a las “casas pecaminosas” con un nuevo trío: Canaro en el violín, Vicente Loduca en el bandoneón, y Samuel Castriota en el piano; este fue quién se consagraría luego, con el tango “Mi Noche Triste”. El ambiente donde tocaban era un ambiente peligroso, y tuvo que abandonar el lugar, Arrecifes, pues tuvo problemas con un patibulario sujeto, recién salido de la cárcel, apodado “el Zorro” que fuera a buscar a la “Gallega”,con quién Canaro mantenía un romance. La dueña de casa al ver desenvainar los facones, le dijo: “Largáte pibe. Vos no sos de este ambiente. Si comenzás a las puñaladas estás perdido. Irás a la cárcel o a la tumba”.

Canaro resolvió evitar las puñaladas y a la Gallega, quién recaló en la Boca, donde se encontraba la primera catedral del tango, lugar donde atracaban los barcos en el riachuelo, y donde sus marineros se mezclaban en noches de euforia, junto a los muchachos de barrio, y jóvenes de las clases acomodadas que iban a “tirar manteca al techo”. Comenzaron a proliferar los “café concert”, que en definitiva era el nombre de los primeros cabarets de comienzos de siglo. Allí, envueltos en tango, circulaban nombres famosos, como el de los hermanos Greco, Genaro Espósito, Roberto Firpo, el alemán Bernstein y la formidable atracción de Ángel Villoldo. En el “Café Royal”, el trío de Canaro se lució, con el tango” Una Noche de Garufa” de Eduardo Arolas. Allí las peleas de los muchachos de barrio con los jóvenes aristócratas se multiplicaban y obligaban a tocar, para tapar el ruido de las peleas. Al disolverse el trío, Pirincho pasó a la orquesta de los hermanos Greco, mientras el tango se abría cancha en lugares del centro, cuyo primer adelantado fue don Roberto Firpo, haciendo su aparición con su quinteto en el “Café Iglesias”, de la calle Corrientes al 1500. La orquesta de Greco, donde tocaba Canaro, debutaba con singular éxito en lugares como “La Boca”, “Lo de Laura” y “Lo de Hansen”, que constituían los más famosos patios de tango de la época, junto al “Estribo”, situado a cinco cuadras de donde vendía diarios, no hacía muchos años. Cuando se abrió de Greco, constituyó otro trío junto a José Martínez, al piano, y Pedro Polito al bandoneón. Poco tiempo después debió abandonar el “Salón Nueva Granada” guarida del legendario bailarín “El Cachafaz”, cuando llegara en son de desafío otro también famoso bailarín “El Rengo Cotongo”. Ganador de la compulsa fue “El Cachafaz”, bailando “El Choclo”. A continuación se inició un feroz tiroteo iniciado por el perdedor.

En el año de Centenario de nuestra Independencia, había en el centro de Buenos Aires, más de treinta lugares donde se ejecutaba el Tango. Ese año Canaro estrenó su tango “La Barra Fuerte”, y Buenos Aires se constituía en el París de Sudamérica. Ese fue el año en que irrumpió un muchacho gordo que cantaba tonadas camperas: era nada menos que Carlos Gardel. Canaro estrenó en ese año 1912 los tangos “Pinta Brava” y “El Internado”. El baile de los internados era en homenaje a los estudiantes que se recibían de médicos y se hacían bromas macabras. Las bromas tuvieron un abrupto final de corte policial, cuando los estudiantes llevaron la cabeza de un italiano que se había suicidado esa mañana, y emergía de entre una sábana. Una vez, al estar enfermo, recibió la atención del famoso doctor Enrique Finochietto, y al preguntarle por sus honorarios, recibió la respuesta: “-No es nada. Usted maestro, me ha pagado por anticipado con aquella felicidad que viví cuando muchacho, en los bailes de los internados… La fama de Canaro seguía en ascenso, y muy pronto tuvo a su lado como bandoneonístas, al “pibe de la paternal” Osvaldo Fresedo y un uruguayo muy “botija” llamado Minoro, que no abandonó a Canaro hasta su muerte. Inventó el contrabajo para incorporarlo a la orquesta de tango.

A todo esto ya Canaro era la estrella del cartel de “Pigall”, luego transformado en famoso cabaret Tabarís, de la calle Corrientes. Esta es la época en que el tango entra en los salones aristocráticos de Buenos Aires, de la mano de una señora de nombre Paz Anchorena, que entre otras cosas supo advertirle:”Quiero que comprenda que las señoras y niñas que frecuentan mi casa son de distinta condición a las que ustedes acostumbran a tratar en los cabarets donde ustedes actúan. Quiero que los músicos actúen como si no estuvieran en la fiesta. (…) y sobre todo no deben cantar la letra de ningún tango, y mucho menos esa que dice “la catrera está cabrera”.

Lugo el tango y Canaro supieron hacerse conocer en París y Nueva York Por entonces Canaro tenía ya tres orquestas y ante la presión de músicos como Julio de Caro y Juan de Dios Filiberto, que no eran como él que tocaba de oído, sino que eran músicos de verdad, descubre la radio, que comenzaba a despuntar en argentina como una gran novedad; entonces Canaro tuvo la gran visión de instalarse allí, cobrando por entonces sumas fabulosas. Tuvo como cantantes a Charlo, Azucena Maizani, Irusta y Fugazot, y muy pronto surgió acompañado por Amadori el tango “Madreselva”, luego la obra musical “La Muchachada del Centro”, hasta que se encontró con Carlos Gardel, quién grabara sus tangos con fondo de orquesta típica, abandonando las guitarras. Luego con el tiempo siguieron figuras de la talla de Mariano Mores y los cantores Famá, Antonio Maida y Roldán. Fue también empresario cinematográfico y filmó la película “La Muchacha del Circo”, pero tuvo la mala suerte de que allí trabajara María Eva Duarte. Le fueron secuestradas todas las copias. Luego vino asociado con Sandrini “El Diablo andaba en los Choclos”. La generación del 40 arrasaba con, D’Arienzo, Troilo Pugliese, pero Canaro, a pesar de que su época había terminado, seguía arrasando en las recaudaciones.

Al morir, Francisco Canaro no necesitaba un monumento, pues ese monumento, era el silbido de la gente, recreando sus melodías.










Dr. Ricardo Federico Mena
para El Intransigente




Currículum abreviado del Dr. Federico Mena

El Dr. Mena- Martínez Castro es odontólogo y ha escrito dentro de su profesión diversos trabajos de investigación clínica, como asimismo acerca de variadas materias: Historia, Genealogía, Poesía, Novela, Teatro y Cuento. Pertenece a distintas instituciones académicas de la región y de Buenos Aires, entre ellas es Miembro de Número del Centro de Estudios Históricos y Genealógicos “Gens Nostra” (Centro de Estudio Hispanoamericanos) con sede en Buenos Aires, Miembro correspondiente del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, Miembro Fundador y de Número del Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta, Miembro Correspondiente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, Miembro de los Institutos Güemesiano, Belgraniano y Sanmartiniano de Salta, etc. Es autor de importantes trabajos dentro del cancionero popular, dos veces ganador en el Concurso Nacional de la Zamba ( zambas destacadas). Ha recibido numerosos premios provinciales y nacionales en su quehacer, entre los que se encuentran, el Primer Premio de Novela en el año 2000. Ha recibido de la Provincia de Salta el Premio al Mérito Artístico, etc. Colabora con EL INTRANSIGENTE en su columna “Las Calles de Salta y sus Nombres”.