El maestro Jorge Martorell: de Salta para el mundo

sábado, 12 de noviembre de 2016 · 00:00
SALTA (Redacción) – Un curriculum inmenso se abre paso en el imponente mar de amabilidad y cortesía, características propias de las grandes personalidades. Este concertista, compositor, cantante, escritor y pintor es salteño. Jorge Martorell Mestre nació en el seno de una familia en donde las artes tenían un lugar preponderante; su madre Carmen Mestre, pianista, supo transmitirle los primeros conocimientos y su padre, Enrique Martorell, fue introduciéndolo en los saberes culturales. “Mi madre había estudiado con el maestro Vincenzo Scaramuzza en Buenos Aires, en esa época iba periódicamente en tren acompañada por su abuela – recuerda Jorge ante la inevitable pregunta sobre sus primeros contactos con el mundo artístico-, ella me tenía en coche mientras tocaba el piano, dice que yo no me dormía y que estiraba los bracitos como queriendo tocar yo también”.

Toda una muestra de vocación anticipada, pues a medida que pasaba el tiempo ese mismo sopor lo zambulliría de lleno en las aguas donde nadaría con destreza, acompañado por la lectura de los libros que su padre le sugería atinadamente. Cursó sus estudios en la Escuela Zorrilla y en el Colegio Salesiano. Más tarde llegaron las clases con don Alberto Prevot y en Tucumán con los maestros Antonio De Racco y Jorge Zulueta.

Una larga lista de amores

El piano fue el comienzo de la lista de instrumentos con los que se relacionó: violoncelo, flauta traversa y flauta dulce. La armonización de voces lo llevó a obtener premios como el que lo consagró con el Coro de la Universidad Católica. “Los llevé a Buenos Aires a cantar en el San Martín, sacamos el primer premio en armonización junto con el coro que formamos conjuntamente con el padre Roberto Desimone”, recuerda el maestro otra de sus entusiastas proezas.

En Europa estuvo cinco años. Madrid y Bruselas oficiaron de hogar durante la prolongada estadía como consecuencia de la obtención de un importante logro: la beca del Instituto de Cultura Hispánica en ese país en el año 1974. Asistió a las clases magistrales y cursos dictados por eminencias de la talla de Artur Rubinstein, Herber von Karajan, Georg Solti, Carlo Maria Giuliani, Emil Guilels y Claudio Arrau.

De vuelta en su Salta natal se reintegró a las cátedras que lo esperaban con los brazos abiertos, aunque ante la pregunta de cómo se sintió, contestó con la sinceridad que lo caracteriza: “Un poco incómodo, había ciertas mezquindades, en algunos casos con algo de recelo; aunque eso me dio ánimo para mirar hacia adelante, siempre con el interés de adquirir mayores conocimientos para poder brindarlos”.


La docencia, otra de sus pasiones

“Sigo siendo profesor del Bachillerato (Humanista Moderno de Salta) -dice entre risas-, no quieren que me vaya. Soy profesor de segundo año de flauta dulce, formamos una orquesta “. Todos los años se renueva con los nuevos integrantes del curso, a los que se agregan algunos valores de ciclos anteriores que quieren seguir formando parte. “Tengo buena relación con los alumnos y las alumnas, charlo mucho con ellos”. Sus clases generan interés, conjuntamente con el intercambio de ideas y opiniones, propias de las inquietudes que despierta la juventud en temas de actualidad.

La franqueza y espontaneidad de los adolescentes parecen llevarse bien con el espíritu jovial e interesante del maestro Martorell. Esa misma naturalidad los condujo a preguntarle en varias ocasiones sobre una de las circunstancias más extrañas y dolorosas por las que tuvo que atravesar: el robo de dos de sus propiedades por parte de profesionales inescrupulosos que, valiéndose de un acta de defunción apócrifa, las vendieron impunemente, episodio en el cual todavía se encuentra inmerso sin haber hallado solución alguna, y por los que tuvo que superar durísimos momentos a causa de dos intentos de homicidio contra su persona en el año 2012.

La charla sigue su curso, pasando a temas menos escabrosos, donde nuevamente aflora su alma de docente y su amor por la música. Bach, Haydn, Mozart, Chopin, Paganini para violín, Tchaicokvsky, Rajmáninov hasta Debussy se encuentran entre sus predilectos, pero “a los que siguen más adelante, los dejo. No entiendo las composiciones que son como esas poesías…., una palabrita acá…., otra más abajo y otra más abajo. Esa no me gusta”, vuelve a señalar con absoluta espontaneidad. Seis compact discs forman parte de la extensa colección de sus obras, donde el último verá la luz en los próximos meses con el título: “El esplendor del barroco en el Río de la Plata”, grabado en clave, órgano y piano en instrumentos originales de distintas salas del mundo.

Poesía y Pintura

Entrando en el plano de la literatura también experimentó con sonetos, versos y temas libres. Las anécdotas comienzan a cobrar vida; así surgen los recuerdos de su paso por la Dirección de Cultura de Salta, en los años 1976/1977. De inmediato sobrevinieron las consultas de escritores que reclamaban premios largamente esperados y a los que ayudó en cada una de sus necesidades. Sus viajes por el mundo se plasman en los paisajes inmortalizados en óleos pintados en Moscú, Marbella y Uruguay, para citar solo algunos de los múltiples escenarios. Allí donde una perspectiva lo subyuga, Jorge detiene su andar, despliega su atril y se entrega con alma y vida a otra de sus aficiones.

Las dedicatorias resaltan el cariño que supo despertar en personalidades de todo el mundo: “Mi distinguido amigo don Jorge Martorell Mestre es un virtuoso de primera magnitud en sus interpretaciones pianísticas, por su impecable y diáfano sonido al ejecutarlas” firma don Alfonso de Borbón, junto a las elogiosas palabras del director de Cultura Hispánica don Gregorio Marañón: “Este joven argentino es un intérprete talentoso, en sus dedos y su mente reside el verdadero Arte”.

Aún hoy le conmueve el cariño de sus exalumnos, a los que suele encontrar hasta en los lugares más insólitos: “El otro día me reconoció una alumna, me dijo que yo había sido su profesor en la primaria, en la secundaria y en la terciaria. Se me colgó de un abrazo, estaba con su mamá -se emociona al recordar- la miró y le dijo: siempre lo hemos querido al profesor, esas son las cosas que verdaderamente me llegan. Los premios son parte de la carrera pero esto realmente me enternece, me llena el alma”.

Acostumbra organizar conciertos en su Salón de Arte Jorge Martorell de calle Caseros 919, donde también premia a las personalidades sobresalientes de la cultura salteña y del mundo, dando oportunidad a los talentos emergentes en las distintas ramas. “Las invito a mi casa y les lleno la sala”, destaca este mecenas del norte argentino, aun cuando en el caso de los escritores, esta afirmación signifique publicar sus libros absolutamente por su cuenta.


Sería imposible enumerar los cursos que dio y de los cuales se nutrió a lo largo de su vida. Junto con los premios, resalta su pasión por la ópera y la zarzuela, a las que presta oídos gustoso cuando se entrega al llamado de las musas que lo invitan a volcar en el papel sus más recónditos pensamientos, esos que solo puede plasmar un artista exquisito, cuya vocación por los demás se deja ver en cada una de sus obras, verdadero orgullo de Salta para el mundo.

Por Carolina Mena Saravia