POR GLADYS COVIELLO

Carta de un soldado de Malvinas a una profesora en Buenos Aires

Compartimos un fragmento de 'Guerra de Malvinas: diario de una madre'
miércoles, 03 de abril de 2019 · 18:44

SALTA (Gladys Coviello) – En su libro "Guerra de Malvinas: diario de una madre", Gladys A. Coviello refleja a una madre argentina desesperada por conocer el paradero de su hijo en aquellas islas que tantos sentimientos causaron en nuestra nación. La autora escribió el diario en el barrio inglés de Hurlingham, bastión de los residentes británicos en aquel momento. La profesora, junto a sus alumnos, juntó aliento en aquel otoño del 82' para escribir palabras de afecto y cariño a los jóvenes e inocentes soldados. Una de las pocas respuestas que pudo recibir Gladys fue una carta del Cabo Hugo Pedraza. La compartimos.

Malvinas, Darwin, Isla Soledad 20- 5- 82
Gracias por el gesto solidario que tienen para con nosotros en esta
situación difícil la cual estamos atravesando todos los militares sin
excepción y la nación entera.

Me siento muy orgulloso de estar aquí defendiendo lo nuestro con
honor lo que históricamente nos corresponde y bajo ninguna causa
cederemos.

Soy suboficial de la Fuerza Aérea Argentina con el grado de cabo
primero, mi especialidad dentro de la fuerza es la de operador de la torre
de control dicha tarea la desempeñaba antes de venir a las Islas Malvinas
en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

Hace exactamente un mes que me encuentro en la isla Soledad a
unos 80 km de Puerto Argentino. El lugar es muy hermoso realmente digno
de conocer, pero claro no en esta situación.

Entre los ataques aéreos y los cañoneos británicos con un esfuerzo
más quise retribuir de alguna manera a quienes nos brindan su apoyo y el
cariño y nos dan así día a día más valor y fuerzas para seguir luchando.

Gracias Gladys una vez más también como docente aportando su
granito de arena con voluntad y amor va el manifiesto cabal a quienes
queremos ver la Argentina de la Patria Grande.

Si por algún motivo tú y tus alumnos desean conocer cómo se opera
desde una torre de control puedes llamar a este número en mi trabajo (…)
una vez que esto termine y pueda volver a mi trabajo.

Un saludo afectuoso.
Hugo (Un servidor de la patria)

Rte: Cabo Pedraza Hugo Fuerza Aérea.
Base Cóndor Darwin Islas Malvinas
                                                                                                        Vía Comodoro Rivadavia

Prólogo de la obra

Sobre Malvinas guardé el material de esos días de la guerra donde habité
el infierno al desconocer el paradero de mi hijo Guillermo, soldado clase
60, quien me pidió que luchara desde el continente.
Debieron transcurrir más de tres décadas para poder abrir la caja con las
cartas y las crónicas escritas en esos momentos y releer sus contenidos. Los
recuerdos me paralizaban. Ahora estoy en condiciones de afrontar esos
testimonios valiosos que no deben perderse y transformar los borradores en
un libro.
Los estudiantes me emocionaban con sus acciones solidarias y participaron
activamente en la guerra con sus actividades físicas y espirituales desde el
continente.
Mis envíos llegaron y recibimos sus respuestas porque los llevaba
personalmente hasta los aviones Hércules donde los pilotos me reconocían
y esperaban. El padre de uno de mis alumnos fue quien hizo la conexión y
sin demoras burocráticas lograba el objetivo: que los soldados sintieran
nuestra solidaridad.
Mi rápido accionar fue cuestionado por la directora de la E.E.M N° 2 de
Haedo donde perdí 24 horas de clase porque desobedecí la orden de
amontonar lo recolectado en un depósito.
Las acciones de solidaridad y apoyo se desarrollaron alrededor de la Base
Aérea de El Palomar. La pista de aterrizaje finaliza en el límite de
Hurlingham y participaron alumnos de La Escuela de Educación Técnica
N° 5 República del Perú de Hurlingham, Escuela de Enseñanza Media N° 2
Bernardino Rivadavia y el Instituto de Formación Docente N° 34 de


Ciudad Jardín Lomas del Palomar. La Escuela de Enseñanza Media N° 2
y el Instituto de Formación Docente N° 42 de Haedo. En todas estas
instituciones daba clases sin cansarme.
Recopilé día a día el material que me obsequiaban mis alumnos: recortes
periodísticos, cartas que enviaban a los soldados y las que llegaban desde el
frente de batalla, papeles con propaganda que recogían, cuadros
humorísticos… Las conversaciones con los custodios, que permanecían día
y noche apostados en lugares para proteger a vecinos o colegios ingleses en
Hurlingham, me alentaban y obsequiaban panfletos. Me contaban sobre la
conducta de mis vecinos ingleses que negaban su origen y decían ser de
otras nacionalidades sudamericanas. Acopiaba, guardaba y escribía, Escribía
sin omitir detalles para atenuar mi angustia.
Los exalumnos concurrían a despedirse ya uniformados. Eran aún
adolescentes egresados del año anterior. Los que regresaron permanecen
con traumas y desilusiones. Nunca tuve más contacto con ellos.
Permanecen en mi memoria con dolor y admiración todos los que
participaron durante esos días de guerra desde el continente o en las islas.