Por R. Mena-Martínez Castro

El libro comentado: vivir en el país de la imaginación

Todos alguna vez fuimos niños, y aún ahora muchos de los que estas líneas leen, de alguna manera jamás dejaron de ser niños
lunes, 04 de marzo de 2019 · 16:35

SALTA (R. Mena Martínez - Castro) – Los que somos adultos, en algún rincón del corazón conservamos esa ternura de la que están dotados los infantes. Quizá sea ésta una de las maneras de conservar la frescura que alguna vez tuvimos, al recordar cómo nuestros padres al pie de nuestra cama, nos deleitaba con fantásticos relatos donde vivían espléndidos animales y pájaros inverosímiles inundando nuestra imaginación; ellos daban luces nuevas a la tan cambiante realidad.

Muchos de nosotros quizá volviendo a un tiempo pasado, donde nada perturbaba nuestra infantil inocencia y tranquilidad, nos sumergíamos en ese mítico país de la fantasía, donde todo era posible otorgando una luminosa verdad.

Es así, como la imaginación nos lleva a rememorar acaso, un tiempo donde la voz querida de nuestros padres, leyéndonos libros infantiles, nos conducía por intricados senderos rodeados de barrancas de nubes, donde los pájaros multicolores hacían sus nidos confundiéndose con refulgentes estrellas bordadas en la noche.

Es posible que, volviendo a esa niñez perdida, nos preguntáramos acerca de la existencia de aquellos míticos seres, donde la respuesta del progenitor no se hacía esperar y donde la respuesta era invariable y contundente: “Ellos viven en el país de la fantasía”. Entonces como verdad cierta aceptábamos sin cuestionamientos la realidad de su pervivencia.

La palabra en la literatura infantil tiene a no dudarlo, una finalidad artística o hasta si se quiere una finalidad lúdica, donde la sencillez campea el escenario virtual, y donde los personajes ya sean pájaros o animales irreales, se mueven discrecionalmente dentro de ese teatro imaginario que es la mente de un niño.

La literatura infantil en la cual se enmarca este bellísimo libro, puede decirse, se estructura en un también imaginario triángulo donde el vértice es la literatura propiamente dicha, en ambos lados se ubica el lector ya sea niño o niña, para finalmente en el último de ellos, ubicarse la función educativa, de fundamental importancia dentro del tema que estamos tratando.

Es preciso recordar que la literatura infantil se define como tal, a partir de la llegada de Charles Dickens, ese importante novelista inglés, uno de los más destacados dentro de la literatura universal de la era victoriana.

Este libro “NUBES Y PÁJAROS” de Magdalena y Fátima Colombo con la colaboración de sus hermanas Patricia y María Victoria, consta de hermosas ilustraciones estampadas en páginas de lujosa estructura y diseño dando al libro, una elegante prestancia que maravilla al lector de inmediato.

La ilustración del mismo de la mano de Gerardo Romano, es sobresaliente, mientras que el diseño se debe a la solvencia de Margarita López Sierra. Este verdadero poema consta de cuatro partes:

Jacinto y las nubesDalia y los pájaros violetas-El origen de los pájaros violetas y La palabra hechicera.

De la primera parte rescatamos a Jacinto Bermejo, el contemplador de nubes, a las que recostado sobre el pasto del jardín formaba una y otra vez figuras esotéricas imaginando luchas imprevisibles, mientras escuchaba el lenguaje de los animales.

En Dalia y los pájaros violetas, la vemos sobresaltarse al imaginar enormes aves de ese color revoloteando sobre su cabeza, que “asustaban al mismo aire y al mismo cielo” apareciendo todos los atardeceres.  Dalia dejó de tenerles miedo al comprender que sólo necesitaban ayuda.

Finalmente, en El origen de los pájaros violetas, Jacinto Bermejo y Dalia Pilcomayo, se proponen descubrir el porqué de la tristeza de esas aves, para lo cual proceden a sumergirse en fascinantes lucubraciones.

Hay con toda seguridad una voz que guía el hilo conductor de la narración, donde esa comarca de pájaros morados nos dice:

“Había una vez, hace mucho, mucho tiempo una comarca de pájaros violetas. Estaba ubicada por encima de las nubes, más allá de los cofines de la tierra…

… Entre las nubes las aves habían construido su ciudad de nidos inmensos y fuentes sonoras, para que nunca faltara el agua…

…Pero un día a las siete de la tarde llegó a su comarca Halconete. Por los alrededores se decía que era un pájaro hechicero…

…y abriendo las alas a las siete y siete de la tarde exclamó:

¡Los dueños de esta comarca, desde ahora en adelante serán los halcones de roja marca, las violetas jamás regresarán!”

Este libro es un dechado de imaginación, un poema exquisito, donde la palabra justa y elegante nos lleva por asendereados caminos de fantasía y de sueños, donde los niños exacerbarán su imaginación, basamento primigenio para futuras obras literarias. Es sabido que los niños reafirman su identidad mediante elementos lúdicos de la fantasía, de la invención de acontecimientos, además del descubrimiento de su narrativa propia que, de alguna manera ayudan a enfatizar esta aludida fantasía. Todo lo expresado, significa la expresión cultural para el desarrollo de su propio lenguaje, es decir, un apoderamiento de la palabra y de las imágenes, para aproximarse a la realidad circundante.

Aplaudimos este libro, donde los conceptos expresados anteriormente están presentes en cada sílaba del mismo, y donde los niños lectores jamás olvidarán este  magnífico lenguaje de la imaginación, donde las autoras han sentido estas vivencias, para que este mensaje poético llegue a sus destinatarios.

Parafraseando sus palabras diremos:

“Sus alas se despliegan en un mundo de letras y sus sueños son de papel. Sus recuerdos están llenos de ríos y de algodón, de montañas y de árboles y cuando se ponen tristes piensan en palabras rimadas y en niños con nombre de flor, recobrando calidez y alegría.

La amalgama de las autoras y colaboradoras es perfecta, pues Magdalena y Fátima, escriben las historias, al tiempo que Fátima compone e interpreta a la vez las canciones inmersas en este libro, complementado con un CD. Como decíamos, la imbricación de las hermanas es envidiable pues Patricia y María Victoria son las productoras generales y a la vez correctoras. Ocupan un destacado lugar en la consecución de esta obra Gerardo Romano como ilustrador y Margarita López Sierra como diseñadora, además del cuidado editorial de Artes Gráficas.

En definitiva, literatura, poesía, diseño, y música están finamente logrados, llevándonos sin claudicaciones al mundo mágico de los sueños y por ende a la ilusión.

Ricardo Mena-Martínez Castro

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