La medicina y la política en los prolegómenos de la Batalla de Salta

Compartimos con ustedes una edición cultural de Armando M. Pérez Nucci
viernes, 22 de febrero de 2019 · 11:30

SALTA () - Para Don Pedro Lain Entralgo , médico, filósofo e historiador de la Medicina , uno de mis maestros en Humanidades Médicas ,además de guía y maestro de muchas generaciones de médicos humanistas, la historia en Medicina era “un relato de lo que la ciencia fue al servicio de una esperanza de lo que quizás llegue a ser…” .Significa además una “recreación intelectual de un pasado específicamente humano, a través de una pesquisa realizada mediante inferencias sobre las fuentes y la exposición congruente de los resultados obtenidos “ , en el concepto de un viejo amigo que fue mi ayuda y existencia cultural al escribir mi Tesis Doctoral en Historia de la Medicina, Don Antonio Pérez Amuchástegui. A partir de estas dos premisas, es posible reconstruir – o al menos tratar de hacerlo -, un relato de lo que ocurrió y tratar de entenderlo desde el punto de vista de la época que se intenta estudiar y comprender.

La historia es “útil”. ¿A quién?, ¿para qué? Sin duda alguna no en un sentido materialista, porque ya hemos visto que, al menos en el sentido que Tucídides le asignaba, no se repite, no al menos en las circunstancias y protagonistas que son otros y que impiden así su repetición como enseñanza y predicción de lo que podría volver a suceder, ya que es imposible su duplicación exacta. Entonces, ¿a quién le es útil? La ciencia es útil al que es idóneo para aprovechar su validez. La utilidad de la historia es para el historiador y éste transfiere dicha utilidad a la sociedad, le presenta “la exposición congruente de los resultados obtenidos…”. La función del historiador es la de hace inteligible ese pasado en el que se halla inmerso por vocación, para que los demás puedan entenderlo. En esta oportunidad, y con motivo de la conmemoración de la Batalla de Salta de 1813, quisiera desarrollar cuales fueron algunos de los acontecimientos y protagonistas de los sucesos y situación de la medicina durante las dos primeras décadas del siglo XIX, cerca de cuyo final pudimos mostrar al mundo que éramos libres de toda dominación extranjera.

Muchas veces, la historia de nuestra región se ha escrito lejos, desconociendo muchas facetas de nuestra idiosincrasia. nuestras necesidades y sufrimientos durante la gesta libertadora. No pocas veces se ha dejado de reconocer que el destino de la Revolución de Mayo se jugó lejos de Buenos Aires, en nuestras tierras y que su consolidación corrió a cuenta de los habitantes de la región que, con su apoyo permanente hasta mediados de la década del veinte del siglo XIX permitió que se declarara la independencia en 1816 y se cumpliera cabalmente el plan continental de San Martín para liberar toda América.

Figuras como las de Belgrano y Güemes, a las que podemos agregar la corta estancia en el NOA del General San Martín, fueron fundamentales para la consolidación de la Revolución iniciada un 25 de Mayo de 1810, merced a la acción y el sacrificio- material y económico-, que aporto el Noroeste Argentina en este proceso que habría de cambiar el escenario político de lo que habría de ser más adelante la República Argentina.

El siglo XXI es uno de los más interesantes de la historia del Noroeste Argentino. Durante el mismo, la región va experimentando notables cambios en todos los campos, ya se trate de la política, la cultura, lo social y en este caso en particular, lo sanitario.

Nuestra medicina había comenzado el siglo bajo la influencia del ejercicio de una medicina tradicional aborigen que, en algunos aspectos permanece hasta nuestros días en algunos lugares como la única existente. El NOA careció durante mucho tiempo de un plantel de médicos permanente y esta medicina primitiva los suplió de la mejor forma posible: curando lo que podía curar. El “curador” cumplió durante todo este ciclo un lugar destacado en la sociedad, hasta que la medicina que podemos llamar científica logró enraizarse en nuestra provincia. A comienzos del 1800 el panorama en este aspecto desde lo científico puro, era poco halagador.

La Revolución de Mayo y las campañas militares en el Noroeste Argentino habrían de mejorar algo este aspecto negativo del ejercicio profesional provincial y durante los años de guerra contra los ejércitos españoles, actuarían localmente médicos llegados con las expediciones militares, como Redhead, Paroissien, Montoya, Carrasco y otros. La medicina militar estaba en sus comienzos y la cirugía de guerra era difícil y cruenta, la mayor parte de las veces resolutiva, con escasos recursos materiales y casi desconocida para los jóvenes médicos recién egresados, excepción hecha, claro está, de verdaderos veteranos como Redhead o Paroissien que traían un bagaje médico adquirido en el Viejo Mundo. La anestesia no existía y la mínima analgesia posible, era lograda mediante la administración de opio e hiosciamina, cuando no un buen golpe en la cabeza del paciente. Las infecciones y supuraciones eran frecuentes y amenazaban permanente a los heridos y amputados y la mayor parte de métodos de hemostasia requerían el uso del cauterio y del torniquete. Si agregamos el paludismo endémico de la zona y el tétanos, el panorama no era para nada esperanzador.

La Batalla de Salta, otro de los sucesos, junto a la acaecida en Tucumán en Septiembre de 1812, es otro logro importante en el camino hacia una país independiente y soberano.

Esta contienda empezó con un General capaz y hábil, convencido de los principios que habrían de regir nuestro país , que puede ser considerado uno de los patriotas más insignes de nuestra historia , que había llegado a la milicia, no por vocación o carrera – la suya era la abogacía inicialmente - ,son por la necesidad que el destino jugó en su vida lo que, unido a una visión estratégica y abarcativa del proceso militar del futuro país, lo convirtieron en un general hábil, decidido , sagaz y de condición innata para abarcar el proceso de guerra que le estaba tocando vivir. Manuel Belgrano había recibido orden de retirarse hasta la provincia de Córdoba hecho que, de concretarse, habría dejado en manos de los españoles desde el Alto Perú hasta esa provincia, una extensión difícil de recuperar durante mucho tiempo. Su desobediencia dejó como legados las dos batallas más importantes para la libertad, que fueron la de Tucumàn y Salta, creando con su triunfo un antemural de seguridad para disminuir las acechanzas realistas por al Alto Perú, permitiendo por otro lado a San Martín ejecutar el Plan Continental que puso fin a la dominación española en América.

Después de la Batalla de Tucumán, Belgrano emprendió la titánica tarea de reorganizar su ejército, que había sufrido pocas bajas materiales, pero que necesitaba recuperar la dignidad de soldados y el espíritu patriótico de triunfo, faltos de apoyo material e instrumental por parte del gobierno central, En Salta le esperaba el General Güemes y sus fuerzas y con esta formación se gestó la histórica batalla que hoy me ocupa.

De la organización del ejército patriota manifestaría el General Paz en sus Memorias que “nuestra infantería estaba formada en seis columnas de las que cinco estaban en línea y una en reserva, en la forma siguiente : primero principiando por la derecha, el Batallón de Cazadores a las órdenes del Comandante Manuel Dorrego, segunda y tercera eran formadas del Regimiento número seis, que era el más crecido, una a las órdenes del Comandante Carlos Forest y la otra, aunque no puedo asegurarlo ,a las del Comandante Ignacio Warnes, cuarto del Batallón de Castas a las órdenes del Comandante Don Benito Alvarez, sexta y última compuesta por el regimiento número uno al mando del Comandante Don Gregorio Perdriel . La artillería consistía en doce piezas, si no me engaño y estaba distribuida en los claros, menos dos que habían quedado en reserva…”.

La Revolución de Mayo y las campañas militares en el Noroeste Argentino habrían de mejorar algo este aspecto negativo del ejercicio profesional provincial y durante los años de guerra contra los ejércitos españoles, actuarían localmente médicos llegados con las expediciones militares, como Redhead, Paroissien, Montoya, Carrasco y otros. La medicina militar estaba en sus comienzos y la cirugía de guerra era difícil y cruenta upo de avanzada con las tropas realistas el 16 en las cercanías de Portezuelo, obteniendo una victoria que anticipaba cual sería el desarrollo posterior y el soñado triunfo que habría de modificar la historia de nuestra región. Quedaba luchar la gran batalla del 20 de Febrero, que puso un cerrojo importante y definitivo a las aspiraciones realistas en la región y facilitaría, como ya comenté, las acciones destinadas a obtener la independencia argentina y americana, hechos no siempre destacados suficientemente por aquellos encargados de escribir y transcribir estos recuerdos para las generaciones venideras.

Al vislumbrar ya el destino final de la batalla, los realistas negociaron su rendición, conviniéndose que al día siguiente abandonarían la ciudad y depondrían sus armas.

Belgrano y Tristán no eran desconocidos entre sí. Se habían conocido en España, viviendo un tiempo juntos en Madrid, luego siendo condiscípulos en Salamanca. De allí que Belgrano se comprometiera a garantizar la integridad y libertad de los efectivos enemigos a cambio que éstos no empuñaran nuevamente las mismas contra los patriotas, lo que muestra la buena fe y la creencia en el honor de Belgrano hacia sus adversarios, actitud ésta que le consiguió no pocos adeptos entre ellos, que pasaron a integrar las formaciones patriotas.

Las pérdidas de hombres y armamento fueron importantes para las fuerzas realistas, contabilizándose numerosos heridos, más de cuatrocientos muertos, Un triunfo total y contundente.

De esta manera se escribió la Historia del Noroeste de nuestro país y del esfuerzo de sus hombres de contar con una república libre y soberana. hasta nuestros días.

Ambas batallas expresan la inclaudicable decisión de no dejar de lado ideales y proyectos que hicieron, desde las provincias del Noroeste, un invalorable aporte a la Patria Grande y la puerta que abriría el camino al Plan Continental del General San Martín y a la liberación de toda América. Esta región siempre contribuyó eficazmente a los intereses de lo que luego sería un gran país y esta situación hasta nuestros días no ha sido suficientemente valorada en toda su dimensión.

En mi concepto, la Revolución de Mayo de 1810 salvó y afianzó su destino en los campos de batalla del Noroeste Argentino. “El 20 de Febrero se dio la batalla y se ganó…”. ¡Ya lo creo que sí!

 ARMANDO M. PEREZ DE NUCCI *

*Doctor en Medicina y en Filosofìa. Miembro de la Academia Nacional de la Historia.