Historia

Batalla de Salta: 20 de febrero de 1813

Recordamos al Tte. Cnel. D. José Remigio de Lea y Plaza, veterano de la Independencia que intervino con denuedo en la acción del 20 de febrero de 1813
martes, 19 de febrero de 2019 · 12:45

SALTA (Redacción)- Los salteños conmemoraremos el ducentésimo sexto aniversario de la gloriosa Batalla de Salta, decisiva para la historia Argentina.

Recordamos al Tte. Cnel. D. José Remigio de Lea y Plaza, veterano de la Independencia que intervino con denuedo en la acción del 20 de febrero de 1813, por la que recibió la condecoración otorgada por la Soberana Asamblea General Constituyente a los vencedores de la gesta, consistente en un escudo que lleva una espada y un morrión en el centro y alrededor de la orla un letrero con la inscripción siguiente:

“La Patria a los vencedores en Salta en 20 de febrero de 1813”, siendo entonces promovido por su acción al grado de sargento, participando luego en las cruentas batallas de Vilcapugio y Ayohuma, como invariablemente en un largo itinerario en numerosas acciones en la guerra gaucha, en la guerra del Brasil y como miembro del partido Unitario en las guerras civiles argentinas.

El ejército realista dejó en el campo cuatrocientos ochenta y un muertos, ciento catorce heridos, diecisiete jefes y oficiales prisioneros, dos mil setecientos sesenta y seis rendidos, entre ellos cinco altos oficiales y tres de menor rango; diez cañones, y dos mil ciento ochenta fusiles. Mientras que el ejército de Belgrano dejó ciento trece muertos, y cuatrocientos treinta y tres heridos.

El general realista Pío Tristán pidió la capitulación en momentos en que Belgrano se proponía ordenar el asalto final, y los casi seiscientos muertos de ambos bandos fueron enterrados en una fosa común, bajo la misma gigantesca cruz de madera que hoy se conserva en la iglesia de La Merced, en Salta.

Esta actitud magnánima y calculada capitulación de Belgrano no fue aprobada por el gobierno y fue duramente criticada por quienes eran partidarios de acciones más enérgicas, a lo que el creador de nuestra enseña herido en lo más profundo, se desahoga con sus amigos diciéndoles: “Siempre se divierten los que están lejos de las balas y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos. Yo me río de ellos y hago lo que me dicta la razón, la justicia y la prudencia, y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria”.