Salta

Las ojeras del olvido

En homenaje al Dr. Arturo Escudero Gorriti
sábado, 16 de febrero de 2019 · 12:27

SALTA (Por Ricardo Mena-Martínez Castro) - Discurso pronunciado por el doctor Ricardo Mena-Martínez Castro con motivo de designar en la Asociación Odontológica salteña, con su nombre, una de las salas de la institución en merecido homenaje.

Es muy alto el honor que hoy me toca, el de representar a la Asociación Odontológica, y traducir en palabras este homenaje que mida la intensidad de los sentires que lo inspiraron. Es muy alto, pues en este auditorio vibrante de bienvenidas, se encuentra una pléyade de jóvenes que serán mañana, nervio y guía de esta benemérita Institución. Son precisamente ellos, la cabal representación de la nueva mentalidad, que deberá  afrontar los designios y asechanzas que el destino sirva disponernos. Es precisamente esa juventud la que baña este querido solar con la luz de nuevas auroras. Es la sagrada plenipotencia relampagueando en sangre nueva, que no obstante, jamás debe perder de vista la trayectoria de sus próceres más antiguos: de aquellos que hicieron que la tierra áspera que pisábamos en los albores, se convirtiera poco a poco, en esto que hoy reciben. Los próceres que hoy no están, nos contemplan de quien sabe que recónditos lugares: siguen hablando, pensando, o quizá sufriendo y gozando a través de su obra, plasmada en estas paredes, donde se condensa un sentimiento común, de unidad y de beneficio colectivo.

Hoy nos toca homenajear a una de nuestras glorias más importantes, el Dr. Arturo Escudero Gorriti, aquí presente, que forma parte de aquellos hombres predestinados, que son a la vez cerebro y brazo: cerebro que piensa y brazo que ejecuta: que son a la vez la idea que alumbra y la fuerza que la sostiene. Más de una vez sus contemporáneos, debimos sorprendernos, cuando contra todas las rutinas y dogmatizaciones, en asuntos financieros, le viéramos concebir iniciativas que no concordaban con los viejos libros ni con antiguos esquemas. Lo vimos defenderlas con pasión de enamorado, haciendo valer la eficacia de su argumento, que iluminaba la tranquilidad de nuestra casa. Fruto de ese ímpetu fue la creación de La Bolsa de Materiales, cuya primera compra, según sus recuerdos fueron diez cajas de xilocaína. Su espíritu creador alcanzó también para fundar la primera oficina de Crédito Odontológico, donde los pacientes de escasos recursos podían acceder a una atención esmerada y de primer nivel, y donde los odontólogos accedían también, a un crédito rápido y accesible.

¡Qué tiempos aquellos!, pues las prácticas se pagaban por adelantado. Su empuje le llevó también a la creación de la segunda oficina de Crédito, donde contó con el inestimable concurso del Dr. Morales. Su innata modestia le impide aceptar  de buen grado estos galardones, aduciendo que esas concreciones se debieron al incondicional apoyo de las distintas Comisiones. Así fue en verdad, pero también debemos agregar que, como todo visionario, ese incondicional apoyo estaba basado en una Corrección y Señorío, que fueron los custodios de sus propias inspiraciones. Acaso sea debido a esto último, que pudo pasar a través del tiempo, incontaminado de las pasiones humanas.

El Dr. Escudero Gorriti, llegó a la A.O.S. en el año 1951, formando parte de innúmeras comisiones. Paradójicamente fue también su Presidente durante cinco minutos, pues la Asamblea  que lo designara a pesar de su negativa, fundada en motivos insoslayables y de índole personal, tuvo que aceptar su renuncia, precisamente, en los cinco minutos subsiguientes. Fue nombrado en aquél entonces el inolvidable Dr. Juan Ángel Farizano Codazzi, maestro para quien guardo un recuerdo emocionado en mi corazón, que inscribiera una de las grandes páginas de esta Casa.

Algunos de los proyectos de Arturo Escudero Gorriti quedaron sin concreción, dentro de lo que para él fuera una constante escrutación del porvenir. El Laboratorio de Prótesis fue otra de sus realizaciones, donde se atendía a 50 profesionales, a precios accesibles y donde la A.O.S. también usufructuaba de sus beneficios.

Largo sería enumerar tantos logros y proyectos, pero por último sólo haré mención al terreno que nuestra Institución poseía al lado de la Escuela de Ciegos “Corina Lona”, donado por el Gobierno de la Provincia. El Dr. Escudero concibe entonces la feliz idea de cambiarlo por otro que aún es de nuestra propiedad, en la esquina de Alvear y España. El objetivo del mismo fue el de fundar en ese predio la Facultad de Estomatología, con profesores foráneos que prepararan a nuestros jóvenes para las grandes realizaciones de Cabeza y Cuello, hoy, en mano de los médicos.

El Dr. Escudero sigue siendo un Maestro en el arte de pensar, y de lucubrar ideas geniales y plausibles, con esa audacia segura, plena de ternura, de fuerza y de comprensiones. Arturo Escudero fue y sigue siendo, no sólo un mentor de esta Casa, sino también un hombre de corazón generoso, pues bajo la aparente rudeza de sus cejas, brillan unos ojos celestes que emocionan. El Dr. Escudero, nuestro querido Arturo, en su paso por la Institución y por la vida, ha mirado siempre hacia el mañana, pleno de confianza en sí mismo, acorazado de una convicción tenaz, como la de todos los inspirados. Para él, el laurel no ha terminado de dar sus brotes y por eso le cabe en plenitud, aunque se resista a aceptarlo, las reflexiones del poeta y filósofo italiano Césare Pavese, estampadas en su placa de homenaje:

                          

“La vida práctica se desarrolla en el presente, la contemplativa en el pasado. Acción y Memoria. Sólo logra realizar la obra quien vale más que esa obra”.

Dr. Arturo Escudero, en nombre de esta Casa, muchas, muchas gracias.

 

 Ricardo Mena-Martínez Castro