Cultura

Nahuel Sagárnaga, una dosis de talento y disciplina

Tras su paso por Salta, el dibujante nos revela en una charla íntima cómo abrirse paso en la controversia de un mercado mundial
miércoles, 09 de enero de 2019 · 17:37

SALTA (Redacción) – Steve Jobs pensaba: la única manera de hacer un gran trabajo es amar lo que uno hace. Si no ha encontrado todavía algo que ame, siga buscando, no se conforme. Al igual que los asuntos del corazón, sabrá cuando lo encuentre.

Durante su presentación en Salta, Nahuel Sagárnaga, Director de Arte del estudio de animación "2Veinte", brindó una charla sobre su trayecto profesional como dibujante e ilustrador de diversas firmas internacionales, como Cartoon Network, Disney y el estudio de videojuegos Heavy Boat, entre otros, haciendo de la fecha un encuentro oportuno para aquellos niños, jóvenes y adultos aficionados y estudiosos del dibujo, el color y la imagen, que encabezan actualmente una generación audiovisual en constante evolución .

En una sociedad que todo lo ve, el "homo videns", como leí en algún libro, ya es parte de la historia universal y por lo tanto no una excepción. El dibujante encuentra allí su fortaleza. "Según me enseñó mi maestro, que es Horacio Lalia, un dibujante es un trabajador como cualquier otro, hay gente que se dedica a ser abogado, otros son constructores, otros son diseñadores, el dibujante es tan trabajador como todos los demás, utilizando de oficio una de las artes como lo es el dibujo", explica Nahuel.

Hace más de una década Nahuel Sagárnaga está radicado en Capital Federal, Buenos Aires, desde donde trabaja para diferentes puntos del mundo. Este año, fue premiado en el evento internacional de cómics más importante de Argentina, Crack Bang Boom 9 de Rosario. Allí Nahuel  recibió el premio Carlos Trillo a “Mejor Obra de Humor del 2017” por “¡Corré, Wachín!”. Para ser precisa, con tan solo 31 años es él quien logró transformarse en uno de los dibujantes salteños de mayor actividad profesional a nivel nacional e internacional. El mérito le pertenece a su clara visión desde aquel momento en el que empezaba a gestar un perfil tan definido, con un trazo firme, y el dibujo de un futuro que corría la suerte de un desafío, un próspero desafío.

"Todas las personas encontramos como primera forma de exteriorización y de simbolización, el dibujo. Cuando uno es chico, antes incluso de tener lenguaje, lo que hace es agarrar y manchar las paredes con barro como una forma de expresión. La primera experiencia con el entorno es una forma de simbolización no aprendida, es decir, uno dibuja desde siempre. La única diferencia que tengo con el resto de la humanidad, y todos los que nos dedicamos a este oficio, es que simplemente no dejamos de dibujar nunca", asegura.

Sin prisa, pero sin pausa…

Según Nahuel, no hay fórmula X ni ficción que pueda contarnos cómo, cuándo ni dónde. En ese momento prefiere recordar textos de Platón y Aristóteles, a su manera, para desembocar en la idea de que si uno se define por la cantidad de veces que hace lo mismo, en realidad, uno es sus costumbres. En ese sentido, se declara como el mismo loco de siempre porque se dedicó a hacer lo mismo, y todavía más, lo perfeccionó.

Una pasión y una insistencia en ella que le permitió acceder a ciertos privilegios, bien llamados sueños. Logró conquistar sus imposibles a fuerza de voluntad y disciplina. "Algo que aprendí con el tiempo es que hay que dedicarle mucho al dibujo. Estás casado con el trabajo, sentado, obligado estar sentado más de ocho horas por día frente a un tablero, hablando de la práctica profesional estrictamente, y sin contar los proyectos personales. Algo importante que me dejó cada experiencia es la dedicación y el cumplimiento, esas son cosas formativas que para mí tuvieron que ver más con el trabajo y con el estudio, hechos que me cimentaron el camino y me llevaron al lugar en el que estoy", reflexiona.

Puntilloso, preciso y fanático de su trabajo, también hizo teatro como una forma de entender y asimilar las herramientas para digitar cómo se moverían los personajes en la escena de manera correcta. Fue el proceso de formación para aprender a dibujar mejor.

La precisión de sus palabras es proporcional a los hechos, lo que hacen de Nahuel una identidad registrada con estilo propio, un estilo que se desarrolla a fuerza de dibujo y, también, de inspiración. En él confluyen diversas corrientes que emergen una y otra vez desde su infancia y hasta la actualidad.

"Yo tengo un estilo de línea clara aunque traté de apropiarme de todos los estilos que pude conocer, con mayor o menor éxito; tengo una gran influencia del manga japonés y de historia franco-belga, y a ello se suma que soy un dibujante argentino, con lo cual tengo, sí o sí, el bagaje local de la escuela argentina. Por un lado, persiste la inevitabilidad de haber sido criado consumiendo estos tipos de productos ya que fui criado leyendo historieta americana y por otro lado, la decisión tomada de aprender de ellos", profundiza hasta llegar a la conclusión de que todos los artistas, o dibujantes, son un poco autodidactas, más allá del estudio forma; como nichos de influencias. "Nunca le digo que no a ninguna lectura", aclara.

Sus obras

¡Corré, Wachín! es una historieta autobiográfica de humor, donde Nahuel narra las aventuras que vive junto a su compañero, amigo y mascota Wachín, un perro salchicha de 4 kilos. Esta obra nació como una tira de humor en internet, espacio donde la obra generó grandes adeptos y excelentes críticas de los cibernautas. La tira acumuló más de 14.000 seguidores en sus cuentas oficiales. El año pasado ¡Corre, Wachín! fue publicada en formato libro por Noviembre Ediciones. La historieta se presentó durante el evento internacional de historietas Viñetas Sueltas ’17. Hoy se continúa publicando a través de sus cuentas oficiales de Facebook e Instagram.

“Mirina” es una novela gráfica que nace como una historieta web de una página por semana. Las publicaciones se realizan en Facebook y Tumblr, donde esta historieta de aventura cosecha miles de seguidores y una gran respuesta del público. Este año, de la mano de Ed. Loco Rabia, Nahuel presentó durante la Crack Bang Boom el formato libro de Mirina, una publicación de 100 páginas a todo color, que incluye un capítulo final inédito y nuevas tiras que funcionan como epílogo.

Luego de su presentación, “Mirina” se convirtió en una de las obras más vendidas en el evento, rompiendo records de ventas en fecha de salida para la editorial. El libro de Mirina rápidamente despertó el interés de dibujantes argentinos y del periodismo especializado.

Como miles, hizo de la autogestión un toc-toc a la puerta de grandes empresas del mundo, y las redes sociales tuvieron un valor agregado allí, siendo la cuna de sus producciones. "Utilizo mucho las redes personalmente, pero también para difundir mi trabajo. De hecho, es el primer lugar de exposición que tienen las obras. Si hoy en día llegué a publicar los libros, tanto "Mirina" como "¡Corré, Wachín!", es por haberlos previamente presentado en estas plataformas y no una en una publicación en papel, que en Argentina ya no existe para este género. Es decir, la producción empieza casi ad honorem y el objetivo es que la obra llegue al lector, teniendo eso como primera paga. Lo definiría como estar en el lugar donde pasan las cosas: la internet, donde hay más gente pululando y leyendo. Si actualmente tengo un lugar adentro del mercado es gracias a haber publicado en Internet, pero si alguien espera a que lo publiquen para poder existir, para que lo publiquen en un medio tradicional, en papel, profesionalmente y bla bla bla...puede seguir esperando. La situación en la que se encuentra Argentina, tanto a nivel económico como cultural, no avala esos espacios par publicar. Las redes te abren las puertas para llegar básicamente", revela.

Un creativo que le da forma y anima su vida según le dicta su imaginación, a imagen y semejanza de su talento. Pero todavía hay Nahuel para rato. "Estoy por cumplir 33, la edad de Cristo y espero sobrevivir", sonríe y agrega: "espero llegar a publicar por lo menos un libro por año, con ediciones más chicas o más grandes, con mayor o menor llegada, pero tratar de tener siempre una obra en el mercado en papel. Por otro lado, también está la idea de poder llevar la obra fuera del país, que ya tiene un poco de llegada a través de las redes, pero se termina todo de afianzar a través de la publicaciones en papel. Desde el punto de vista meramente profesional, me gustaría poder profesionalizarme más en mi oficio, mejorar mi  producción", adelanta convencido.

Animarse a reescribir la propia historia

Dar el salto y correr el riesgo. Nahuel es picante. "Todos deben animarse a salir de su lugar de confort es decir, moverse fuera de aquello que ya tienen establecido como un normal, y entender que a diferencia de lo que se piensa, por lo menos yo y la generación que me sigue, estamos todos insertos en un mundo en constante movimiento y en contacto, lejos de esa idea añeja de estar encerrados en una provincia. Entonces se puede ser desde cualquier lugar lo que se desee porque Internet es la plataforma para salir sin moverte de tu casa. Cabe la posibilidad de salir de tu ciudad para probar que pasa más allá, sin la necesidad de irse para siempre. Salir del lugar donde ya sabes cómo funcionan las cosas, y dónde lo tenés asegurado, para tratar de correr el riesgo que te haga crecer", afirma. Como ejemplo vasta un botón, o la trayectoria de quien nos desafía en este caso.

Amante de las frases de bolsillo, logré que me contará la suya. "El trabajo genera trabajo, es decir, si uno trabaja, el trabajo va a surgir, esa es la única garantía que hay para poder dedicarse a un oficio cualquiera".

Es tal su convicción que es digna de admirar. "Se que no podría hacer otra cosa porque es lo que me produce satisfacción, tanto en la producción como en la respuesta que veo en los demás cuando les agrada, les gusta, les sirve", concluye.

Amante de las historietas, los videojuegos, los dibujos animados, las películas animadas y el cine de alta factura, Nahuel es un laburante, con el ímpetu de quien busca hacer más y mejores cosas, y el poder de ver el vaso vacío para atreverse a llenarlo por si mismo.