Cultura

Epistolar: cartas "on demand"

Un proyecto que conjuga la voz, el formato antiguo de la carta y la tecnología para permanecer en el nuevo escenario de las comunicaciones
viernes, 18 de enero de 2019 · 15:41

SALTA (Redacción). Desde tiempos remotos, el hombre encuentra en el lenguaje una forma de expresar lo que le acontece dentro, de simbolizar aquello que lo rodea y de dotar de sentido al mundo en el que yace inmerso. Si bien podemos retroceder siglos y siglos, me resulta inevitable pensar en la pluma, la tinta y el papel. En los amores prohibidos, en los cuervos o palomas mensajeras, en las declaraciones de guerra o de paz, en las confesiones pasionales, en las frías y duras condenas, en las herencias, las buenas nuevas y las malas noticias. Me gusta recordarlo a la luz de las velas, como la vieja escuela. La letra minuciosa, prolija, bailando fluida sobre el renglón a la par de una voz un tanto solemne y recitada.

Aunque los tiempos cambian y lo que antes resultaba palpable hoy se presenta digital, la sustancia permanece. Una voz quiere ser escuchada y las palabras urgen ser escritas. Es la carta, uno de los textos más amados y odiados, tan elegante como intrigante, tan esperado como inesperado según de quien se trate, una entrega de expectativas.

A lo largo de la historia, este formato literario supo reunir a referentes del género que volcaron su sabiduría, su labia y su talento en ella, generando una colección incontable. Es muy probable que por cada persona en el mundo exista una carta en la mesa de luz, guardada en el placard, o amarillenta entre las páginas de un libro.

"Epistolar" es un proyecto de Tomás Sprei y Diego Jemio, tan versátil como sus creadores. Tomás está formado en el mundo del sonido y de la producción de bandas. Diego en el periodismo. Desde hace 22 años, Diego trabaja en diferentes medios de comunicación, enfocado actualmente al periodismo de espectáculos y cultura. "El proyecto es básicamente hijo del deseo de hacer cosas nuevas. Me formé en las redacciones de diarios (El Siglo, La Gaceta y Clarín, entre otros), con algunas experiencias aisladas en radio. Quería hacer algo que tuviese relación con lo sonoro. Uní varios universos que me interesan: la radio, la literatura, el periodismo y las cartas. Epistolar es, quizás, una mezcla de esos intereses", introduce.

Un nombre práctico y conciso, que si bien tardó en presentarse, refleja con exactitud la misión de este proyecto, que es rescatar el género epistolar, pero con un valor agregado: el plus de la voz narrada y el formato virtual que representa el podcast. El podcast consiste en piezas de audio periódicas factibles de ser descargadas de Internet. Precisamente, Epistolar se puede escuchar en Spotify: bit.ly/Epistolar  así como en la plataforma Ivoox, y como “Epistolar Podcast” en las redes sociales. Es como hablar de cartas a la carta.

"Es el rescate de un género que está en desuso, con el plus de un formato nuevo, una grabación y edición de calidad, y la voz de excelentes actores y actrices", subraya Diego.

Con un amplio bagaje cultural y una trayectoria a sus espaldas, las elecciones de las cartas que se van a interpretar son arbitrarias, y eso hace divertido al proceso creativo según Diego. "Comencé buscando cartas célebres que ya conocía, después fui explorando rarezas, y ahora estoy consultando en bibliotecas y a personas especialistas en diferentes áreas del conocimiento, con la idea de meterme en mundos que no conozco", profundiza este periodista intrépido y autodidacta.

Siento que Diego era el niño al que le fascinaban las letras desde pequeño, cuando apenas podía imaginar lo que contaban esas hojas de su primer libro, aquel que era feliz con una historia con final abierto antes de dormir. "La carta tiene que contener un universo en sí misma", asevera ,y agrega: "si bien el podcast tiene un breve contexto que hago al inicio, la idea es que todo el mundo pueda escucharla y disfrutarla, incluso si no conoce al remitente ni al destinatario. A veces, primero viene la carta y, luego, pienso qué artista puede interpretarla mejor. Y, otras veces, el proceso es inverso: veo a un actor o una actriz que me gusta y pienso una carta que 'encaje' con su estilo". Sin ir más lejos, los textos de Manuel J. Castilla fueron recientemente grabados, un escritor que nos resulta familiar. más aún cuando escuchamos hablar de “La Pomeña”.

Del mismo modo, como una retroalimentación constante, los artistas cooperan haciendo de Epistolar una plataforma de interacción, encuentro y comunicación. "Yo colaboro en varios medios con notas de espectáculos y cultura, entre ellos Clarín Espectáculos y la web Todo Teatro. Entonces, voy a ver mucho teatro en Buenos Aires, donde estoy radicado. Voy eligiendo en función de lo que veo, de la gente que conozco y, a veces, de los espectáculos que son disparadores para elegir cartas. Por ejemplo, una de las cartas de “Epistolar” forma parte del espectáculo “Yo, Encarnación Ezcurra”, que hizo Lorena Vega. Los artistas se sumaron generosamente a un proyecto que es independiente y autogestivo", asegura.

Como un sistema abierto, este proyecto tiene un derrame social evidente y un valor cultural necesario. Epistolar es una forma de rescatar algo que ya no hacemos: escribir cartas, a través de un formato nuevo como el podcast, lejos de la melancolía y la tristeza, aceptándolo como una realidad palpable y coherente con las demandas de una nueva generación.

"Ahora la comunicación es instantánea –correo electrónico, whatsapp, redes sociales-, con otras formas diferentes. Creo que Epistolar intenta traer a la memoria algo que parece un arcaísmo. Al dejar de escribir cartas perdimos una forma de pensar pausada, un “pacto epistolar” –carta recibida, carta enviada-, y quizá cierto cuidado en la elección de las palabras", reflexiona.

De hecho, utilizar el podcast como formato resulta original y atrapante al momento de llevarlo a la praxis sin perder su lógica original. "El podcast es radio “on demand”, quizá una radio más acorde a los tiempos que vivimos. Podés escucharla cuándo y dónde quieras. La escucha en este formato suele ser de gran intimidad. Una inmensa mayoría lo hace con auriculares; los actores y actrices están llegando directo al oído de nuestros oyentes. Y lo hacen con lo más personal que tenemos los seres humanos: la voz. Quisimos rescatar algo que ya no se hace, pero con un formato nuevo", revela Diego.

Me es inevitable volver a los tiempos en los que los sentidos se inquietaban cuando imaginaban la voz de aquel parlante, o cuando nos tocaba recrear las escenas que se sucedían en la mente mientras leía el mensaje que tocaba a mi puerta.

Para Diego, la carta es una forma de comunicación, una interacción con otro, que puede tener múltiples propósitos.

En una carta yace más que un emisor y un receptor, es un flujo de premisas y sentencias que interpelan a quienes eligen cruzar palabras. Hay sensibilidades que se encuentran allí y desencadenan mas cartas, más verdades, más secretos.

"Los autores dejan sus 'marcas' y un pedazo de lo que son. Es interesante rastrear eso y que los actores interpreten –y hagan crecer- a las cartas", enfatiza.

Por qué seguir escribiendo cartas. Cuestionarnos es una forma de superarnos. Conservar lo que está dicho y hecho, pero con la inteligencia justa para mejorarlo.

"Nos proponemos que la gente comience a escribir cartas. Cada quién se comunica de la forma con la que se siente más cómodo. Sí, la invitamos a escuchar cartas que creemos son interesantes. Y, quizá en algún momento, nos gustaría que comparta las suyas con nosotros", concluye Diego. Un amante de los clásicos y un valiente new age.

Creo que las cartas escritas a mano nunca pasarán de moda y la intimidad de quien las lee entre cuatro paredes, tampoco. Por ahora, encuentro en Epistolar una forma distinta de soledad, menos ausente y mas vívida.