Fundación Alfarcito

Los Reyes Magos sorprendieron en las alturas

Los niños y todas las familias de la Quebrada del Toro recibieron con los brazos abiertos a los Reyes
miércoles, 16 de enero de 2019 · 12:59

SALTA (Redacción) – Quienes se animan a recorrer la geografía del interior de la provincia, saben que las alturas guardan misterios indescriptibles y milagros que trascienden al sentido común. Pueblos que no fueron corrompidos por la avalancha de un nuevo siglo, que si bien nos facilita la vida posibilitando el confort y el bienestar, olvida la belleza y gratitud de lo simple, del sueño hecho en casa.

La Quebrada del Toro es testigo de verdades que desafían a la razón humana. A tan sólo 1 hora y media de la capital, camino a San Antonio de los Cobres, yace a mitad de camino El Alfarcito, una comunidad que alberga la misión del amado y reconocido Padre Chifri, quien hizo de su paso por la vida una obra eterna al servicio de la comunidad que habita la Quebrada, y con el único anhelo de hacer el bien.

Tras el inicio de un nuevo año, la Quebrada tuvo inesperadas visitas. La jornada inició en horas tempranas con la bendición de Ana Moroder para darle pie a un recorrido que traería consigo reencuentros mágicos. Juntos a los amigos de la Fundación Alfarcito, el camino cobraba vida a cada paso, tal como lo hiciera su hermano Chifri, recordando anécdotas, enseñanzas y dejándose interpelar por cada postal de aquel paisaje.

Ya en camino, se sumaron los Reyes Magos, ni más ni menos, para continuar juntos el recorrido hasta alcanzar la casa de Norma, donde los pequeños libraron su alegría ante la sorpresa de la visita. Luego, sin prisa pero sin pausa, el itinerario continuó con los amigos del grupo de ingenieros agrónomos Los Tucuras, hasta alcanzar San Bernardo de las Zorras, otro paraje, tan místico como atrapante.

Allí, el hogar de Inocencia Lamas fue el descanso y desde donde visitaron a la pequeña Belén, mientras la “Caravana de los Reyes” se multiplicaba en amigos que generosamente se habían sumado a esta convocatoria, dejándose llevar no sólo por lo que los rumores o los textos narran, sino por la irrefutable presencia de la fe encarnada en los Reyes Magos, quienes repartieron alegría a doquier.

Más tarde, la caminata alcanzó El Rosal, donde las familias lugareñas ya esperaban ansiosos el arribo de esta caravana de emociones, que les traía a la memoria las imágenes de los tiempos en que Chifri, con su famoso cuatriciclo, llegaba hasta ellos junto a los Reyes Magos. Una escena tan genuina que todos podían sentir la piel de gallina, una y otra vez. Un recuerdo al que vale la pena darle la bienvenida.

En ese punto (El Rosal), la capilla fue la parada. “Un encuentro de meditación para agradecer este regalo que recibíamos nosotros de poder trascender aquellos caminos revitalizando la obra de Chifri y el hecho de que pudiéramos estar en presencia en esos lejanos parajes”, reflexiona Carlos Alberto Figueroa, colaborador de la Fundación. Es cierto que las condiciones climáticas de la época vuelven de difícil acceso a los caminos, debido a las copiosas lluvias, una estadística que esta visita pudo alterar, ya que el milagro se presentó como un día apacible, que permitió un tránsito tranquilo por el buen estado de los mismos.

Tras la oración sobrevino el almuerzo compartido con aquella comunidad amena y en el marco de un espíritu de alegría. “Nos repartimos en juegos con los pequeños del lugar que lograron contagiarnos esa tierna frescura que rememoró por algunos instantes nuestros años de niñez, jugando de igual a igual”, recuerda, con la transparencia y la autenticidad de ese niño que todos llevamos dentro.

La siguiente parada fue Potrero de Chañi, en la casa de la familia de Valeria, donde finalmente se unirían con los Misioneros de “El Huerto de los Olivos”, que también se hallaban en esta vocación de llegar hasta esos alejados sitios llevando la compañía a las comunidades más alejadas. Fue allí donde la secuencia volvía a repetirse, despertando sonrisas y reviviendo anécdotas mientras preparaban el regreso. No dejaron cabos sueltos en esta experiencia de reyes y magos que hicieron de su tierra, su esfuerzo, sus costumbres y su cielo, la riqueza de estos castillos construidos en las alturas.

A la vuelta, previo al punto final, y como broche de oro, el grupo hizo un alto en la casa de Anita Olmos, donde festejaron el cumpleaños de su hijo Jesús, un feliz cumpleaños.

“Habíamos cumplido el objetivo, una vez más la Caravana de los Reyes había llegado hasta los más alejados parajes, venciendo los desafíos del clima y manteniendo vivo el espíritu de la Obra del Padre Chifri, quien nos había bendecido con la posibilidad de poder volver por esos caminos y visitar los hogares, repartiendo alegría entre tantos chicos”, concluye Carlos, con la frente en alto y el corazón satisfecho.

Un agradecimiento especia,l y el más sentido, para los padres de Chifri, José y Ana, lo mismo que para sus hermanas Gaby y Anita, quienes apoyaron siempre desde la oración para que este año se pudiera renovar la Gracia de poder llegar hasta las casas de todos aquellos hermanos y sus niños.

La magia existe, sólo se necesitan abrir los ojos del alma.