Por R Mena-Martínez Castro

Parte oficial de la batalla de Suipacha

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martes, 06 de noviembre de 2018 · 16:05

SALTA (Por R. Mena Martínez Castro) - Batalla de Suipacha

Exmo Señor.

Son las dos de la mañana, y media hora hace, que llegan dos ayudantes del ejército, Rosas y Saravia, con el capitán Tollo, dándome de orden del mayor general Balcarce, el parte del resultado feliz para nuestras armas del ataque, que hicieron, los enemigos sobre la retirada de los nuestros de Tupiza á Suipacha, donde se fijaba el quartel general, habiéndose destacado una fuerza de más de mil hombres, al mando de D. José Córdoba, con cuatro piezas de artillería. Se alistaron ayer á las tres de la tarde, y nuestra gente los esperó gallardamente, operó la artillería mandada por Villanueva y Giles, que acababan de llegar con las piezas, municiones, caudal para pago de la gente, y tres divisiones, que venían á mi vanguardia; obró la mosqueteria, y cargó la caballería, poniendo en fuga vergonzosa el resto de los que no quedaron tendidos en los cerros. Han perdido toda la artillería y municiones, banderas, armamentos, mulas, monturas, mochilas y demás pidiendo clemencia, que mandé no se les diese. Siguen los nuestros las derrotas hasta alcanzar los montados, y entre ellos el general Córdoba; y es probable que reforzado Balcarce siga hasta Cotagaita a atacar, y tomar los de la reserva, y franquear el paso para Potosí. Luego que tenga mas circunstanciadas noticias reiteraré mi parte para satisfacción de V. E. bastando decirle, que tengo en mi poder parte de los despojos del atolondrado exército de los rebeldes, que sus banderas estan en presa, que no contamos mas que un oficial, y seis heridos nuestros, y que no se sabe de nuestra tropa entrando las de Tarija, cual es la que mejor se ha portado.

Circúlo estos avisos a las ciudades por medio de sus jefes, para que celebren los triunfos de la patria, y glorias de la lealtad.

Dios guarde á V. E. muchos años. Yavi 8 de noviembre á las dos de la mañana de 1810.—

Exmo. Sr.—Dr. Juan José Castelli.

—Exma. Junta Gubernativa de estas provincias.

 

Carta de Larramendi

Exmo. Señor.

Por unas evidentes contingencias correspondió á nuestro exército auxiliar tocar á su retirada, ordenada por el valiente mi mayor general D. Antonio Balcarce, en la tarde del 27 pasado en Cotagaita, después de incomodar á los enemigos, y sus baterías con un fuego vivo de mas de 3 horas. En seguida, y con todas las precauciones de verdadero soldado hizo apartar el referido xefe, otras ejecuciones militares en aquel punto, hasta que lisongeros los enemigos con nuestra retirada, mandaron mil hombres de sus mejores tropas con artillería, a formar su linea de batalla en el pueblo y playa del río Suipacha la mañana del día miércoles pasado. Precedida que fue la convocación de los oficiales del ejército por orden del mismo jefe, y a la vista de la linea enemiga, fué adoptado el parecer del capitán de patricios, el valiente, el insigne, prudente, e intrépido D. Matias Balbastro, sobre que se debía atacarles primero, y ántes que los contrarios rompiesen el fuego: empezado que fué, por los nuestros con mas el número de doscientos hombres, y dos cañones, que pocas horas antes llegaron al campamento nuestro en la banda del sud de dicho río, se les acometió con tanta energía, que á las dos horas de combate fueron desordenados los enemigos, fugando, de los primeros Cordoba, Peña, y los demás oficiales: forzaron nuestras columnas hasta mas al norte del pueblo; y despues de tomar doscientos prisioneros, banderas, quatro cañones que traían, con todas municiones, y mas pertrechos, con pérdida cortisima de nuestra parte, se decidió la mas completa accion á favor de nuestro exército auxiliar, dignos de eternos elogios, quedando á su vista desecho, derrotado, y escarmentado el contrario, todo en fuga, y las tropas victoriosas nuestras dispuestas á seguirlos velozmente hasta Potosi; sin que haya mas embarazos, que los que Sanz ó Nieto, pudieron aun urdir para el escape del uno, y la huida del otro.

Este grande consuelo y alegría general, con presagios de que exede aun á las esperanzas el ulterior de tan feliz suceso, realmente, es motivo para que yo le rinda á V. E. los mas finos parabienes, como le anuncié antes de ahora; pues no reconoce limites la ansia con que en los mayores aciertos de V. E., quisiera mi patriotismo contentarse, con solo ser el menor entre los súbditos de V. E.

Nuestro Señor guarde á V. E. tantos años, quantos ha menester la felicidad de la dulce patria. Quartel General de Tupiza noviembre 10 de 1810.

—Excmo. Sr—José Manuel de Larramendi.

—-Excmo. Sr. Presidente y Vocales de la Junta Gubernativa de las Provincias del Rio de la Plata.

 

Carta de Castelli

Excmo. Señor:

No escarmentados los enemigos del esfuerzo y constancia de nuestras tropas, que aun que inferiores en número les habían mostrado las virtudes militares, como en la emboscada del 17 de Octubre, en que once hombres pusieron en retirada la descubierta de más de ciento, y como en el ataque falso de Cotagaita en que menos de trescientos hombres con dos piezas de artillería batieron á más de mil trescientos, apoyados de diez piezas, y parapetados de sus trincheras por más de cuatro horas, sin atreverse á salir del campo, hasta que desengañados se retiraron en orden, consiguiendo solo reconocer el estado de sus fortificaciones, hasta su quartel de Tupiza; juzgaron á nuestro exército en estado de debilidad tan completa, que sin darles lugar al descanso, les vinieren siguiendo por más de 23 leguas sin poderles perturbar la marcha. Nuestras tropas llegaron á esta villa, donde fiaron su cuartel general por amparar sus habitantes, no obstante qué en junta de guerra se había acordado hacerlo en Suipacha, que está á 23 leguas de Cotagaita. Los enemigos, no sé porque motivo, desistieron del intento, y retrocediendo á su quartel, repasaron la penosa cuesta de la Almona. Yo sospecho, que esta novedad fué ocasionada por el arribo del Presidente Nieto á Cotagaita con tropas de artillería de refuerzo, con el fin de concertar mejores planes, y dar tal vez lugar á que tuviesen suceso feliz para ello las sugestiones y venalidades del virrey Abascal y de Goyeneche, que con impresos abortando errores políticos, hechos falsos, y arbitrarias suposiciones, y con oficios llenos de tanto abatimiento como de lisongeras y vanas promesas, pensaron comprar al ejército patriota, que une la ciencia del discernimiento, á las virtudes sociales y marciales, sin embargo, tendieron los enemigos sus descubiertas y avanzadas, y cuando pareció al mayor General Balcarce, que ya los tenía alejados de sus fortificaciones, trincheras y parapetos, manifestó que él solo exedía en pericia militar á Nieto, Córdoba y Socasa, trayendo sus tropas á pecho descubierto, donde se viese, que el americano nacido para vegetar, y vivir en la obscuridad por socordía del gobierno que ha tenido, exede á los militares venidos de España donde por virtud del nuevo gobierno, se ha enseñado la táctica de fugar, manchando la memoria de nuestros abuelos, y héroes de la milicia que nosotros queremos renacer. Así lo verá V. E. en el pueblo y provincias que se salvan por la sabiduría, fidelidad, y desvelo del nuevo gobierno en el siguiente detalle, que anuncié á V. E. en el parte de las 2 de la mañana del día 8 del corriente desde mi alojamiento en Yabi.

Con noticia cierta de que segunda vez venían los enemigos á atacarnos en esta villa, dispuso el mayor general Balcarce su retirada á las 2 de la mañana del día 5 para mejorar de posición, púes aunque nuestras fuerzas podían siempre competir con las enemigas estaba sin municiones ningunas de artillería y de fusil, sín otras que las que teman las cartucheras. El 6 á las cinco de la tarde se posesionó nuestro exército del punto de Nazareno, pueblo frontero del de Suipacha, con el río de por medio, que conceptuó el mayor general aparente para conservarse sin recelo de ser atacado y á eso de las 12 de la noche llegaron las dos piezas de artillería, municiones, dinero y dos cientos hombres de refuerzo, que venían á mi avanguardia, é hice avanzar á marchas forzadas. En el momento despachó el mayor general Balcarce un jovencito natural, que le había servido de espía, que viniese á Tupiza, en donde estaban los enemigos, y divulgase, que nuestras tropas estaban sumamente disgustadas; que era extrema la falta de municiones; que solo teníamos dos cañones y de estos uno desmontado, y que solo esperábamos entender, que pensaban los enemigos adelantar para continuar nuestra retirada. Estas noticias llegaron al conocimiento del general Córdoba y con otras que adquirió en el mismo Tupiza, determinó venir á atacarnos el día 7 con ocho cientos hombres de sus tropas más selectas, quales eran los de marina, infantería del fijo, dragones, y de los voluntarios de la capital, que trajo Nieto con cuatro piezas de artillería. A las 11 de la mañana del día 7 se presentó la vanguardia enemiga delante de nuestro cuartel general: la desmontó inmediatamente, y tomó unas alturas sobre nuestro flanco derecho, y sucesivamente practicó lo mismo todo el exercito, sin que en mas de una hora después hiciese movimiento ninguno, ni tampoco se advirtió por nuestra parte, púes se procuró tener ocultas nuestras fuerzas esperando el ataque, que se nos presentaba. Como el enemigo se conservase en inacción, dispuso el mayor general, que avanzasen dos piezas de nuestra artillería, y una división de 200 hombres, con la idea de ver si entraba en función, á cuyo movimiento destacó el enemigo varias guerrillas, que se resguardaron de algunas acequias y pozos avanzados de su linea y despachando el mayor general otras más débiles se rompió el fuego. Los enemigos reforzando las indicadas guerrillas, y nosotros retrocediendo algo las nuestras se decidieron á destacar una considerable parte de sus fuerzas á perseguirlas lo que observado por el mayor general Balcarce, determinó que otra división, como la primera, y las mismas guerrillas retrocedidas cargasen prontamente, como lo verificaron con tanto esfuerzo, valor, firmeza y gallardía, que en el momento se posesionaron de los parapetos enemigos; y entrando en ellos el desorden, se pusieron todos en la más vergonzosa y precipitada fuga abandonando las 4 piezas de artillería con mas de 2 mil cartuchos para ellas en 22 caxones, sobre 70 mil tiros de fusil á bala en cartuchos, tres surrones de dinero, que tomaron y se los distribuyeron los soldados. Se les tomaron dos banderas, mas la una no merece tal nombre, porque es un trapo enastado por jugarreta, pero la otra es propia de la Plata, que juraron las tropas, cuando Nieto desarmó á los patricios, y repartió á los arribeños. Se hicieron allí mismo mas de 150 prisioneros, entre los quales se hallan el Capitán de granaderos provinciales de la Plata D. Ramon Garcia, y el de la real armada D. Domingo Mesa, herido y el guardaparque de artillería. Finalmente el resto del ejército enemigo tomó los cerros y caminos intransitables, unos á pié, otros montados, tirando los más las armas: fornituras y quanto les estorbaba para salvarse. Por informes que hemos adquirido solo arribaron á Cotagaita como 250 hombres estropeados, que seguramente fueron los mejor montados, y los primeros que, como el general Córdoba, acompañado del inicuo cura de Tupiza La Torre, corrieron muy al principio de la derrota, llevando grabado en el semblante el espanto. Aunque los nuestros siguieron la derrota del enemigo, ni pudieron hacerlo á más de tres leguas, ni acertaron á dar con la ruta del general Córdoba, que había tomado el camino de Mochará, por el mal estado de la caballería. Sin embargo ya se abandonó el empeño de tomar prisioneros, dejándoles ir en fuga, alejándose ellos mismos de su reunión, y maldiciendo los autores de su suerte. La recolección de armas tiradas por los cerros y el despojo de los vencidos fué el cuidado de la tropa vencedora de modo que.vinieron cargados de armas, fornituras, prendas, mulas, dinero y alhajas. Aun en el día se cuida de recoger armas por los indios encargados de esta diligencia en lo más áspero de los cerros, baxo la gratificación que les está ofrecida; con cuyo motivo se encuentran hombres perdidos, otros muertos, otros moribundos. En suma la derrota es tan completa, que el mismo Córdoba en oficio del día siguiente á nuestro mayor general Balcarce le confiesa que aun exede a lo que á este le pareció. No hemos tenido mas que un Soldado de Tarixa muerto, dos oficiales heridos, que son el alferez de las milicias de Salta D. Eduardo Gaona, y el abanderado de Tarixa D. Manuel Álvarez, y 10 soldados de diferentes cuerpos.

De los enemigos quedaron muertos en el punto del ataque mas de 40, que el alcalde del pueblo se encargó de recoger, y sepultar, ignorando los que fallecieron en los cerros de los dispersos heridos, púes solo se recogieron catorce, que están en en nuestro hospital.

Entre los prisioneros enemigos hay uno de los que en la acción de Santiago del 27 se pasaron y otro que nuestros soldados encontraron herido, y acabaron á bayonetazos por indigno: el que existe será pasado por las armas á la venida de Cotagaita, para donde se le dirige con la segunda división. La misma suerte correrán los demás de esta clase, pues en esta parte me niego á capitular.

El resultado de la acción es prueba del más encarecido elogio de nuestro exercito, que inferior en numero y en su quartel, supo derrotar á un enemigo que eligió situación y rompió fuego. Aseguro á V. E. con el mayor general, que de los oficiales y tropa no tengo á quien distinguir: no hay exercito en el mundo que presente el pecho al enemigo, y se sostenga con más gallardía y serenidad en el fervor de la acción y avance á la voz con mas intrepidez, que el nuestro. Yo sé que esta columna de la vanguardia bastará para el exército, que dicen que prepara el virrey Abascal, y mandará Goyeneche; y qué será uniéndosele la del centro que ya llega á este quartel, la de retaguardia que sale de Jujuy, y el cuerpo de reserva que queda en la garganta de la sierra?. La tarijeños, salteños, tucumanos, santiagueños, y cordobeses son tan buenos, cuando tienen oficiales y xefes de provecho como son las tropas de la capital. A todos he dirigido las más cordiales expresiones de satisfacción, y les he asegurado un completa recompensa en la gloria á que aspiran, y en el interés de su libertad civil, franqueándola á sus hermanos oprimidos por la ambición y despotismo de los mandatarios del antiguo gobierno que prevalidos de la suerte desgraciada da España, de la captividad é impotencia del desdichado Rey Fernando dela incertidumbre de en gobierno representativo legitimo y de la habitud servil en que ellos mismos han tenido á los pueblos de América, creyeron hacer su mejor fortuna, erigiéndose en soberano para tiranizar más impunemente y presentando al fin estos dominios á Bonaparte por adhesión á la Metrópoli. A fé que también sabe V. E. esta verdad, como ya la sé, y no lo ignoran ya los pueblos y nuestras tropas cuando saben que Godoy, Soler, Asausa, O.Farril, Caballero, Mazarredo, Solano, Borja, Loadicea, y otros de más alto rango, más beneficiados del Rey, y agraciados de la nación indiscreta y mas ostentadores de fidelidad y predicadores de la lealtad, que los vireyes, gobernadores, prelados, y ministros de América han disuelto el reyno, entregado al Monarca y esclavizado los pueblos de España. No ignora ninguno de los que me siguen, que de tales xefes todo es de temer, y nada hay bueno que esperar.

Tengo la complacencia que hasta nuestros heridos, visitándolos me dixeron con señal de ingenuidad, que estaban tan persuadidos de la justicia de nuestra causa, que sentían no respirar el último aliento en la demanda, creyéndose gloriosos, y consolados del dolor á la vista del motivo y ocasión de sus heridas.

En nombre de V. E., y en uso de las altas facultades, que me ha trasmitido al exercito y provincias hé concedido á los que resulten inválidos de estas campaña el prest integro; á los que fallezcan de acción de guerra igual goce en lo liquido, á sus mugeres y padres pobres. A los soldados Miguel Gallardo y Alejandro Gallardo, que en el ataque se dirigieron á arrancar la bandera de la Plata, y lo verificaron les hé concedido á nombre de V. E. el uso de la divisa de sargento, y cincuenta pesos á cada uno de gratificación. I los que asaltaron la artillería quatro pesos á cada uno.

Los naturales porción nobilísíma de este estado respiran y ven el fin de su abatimiento en el principio de su libertad civil; están perfectamente impuestos de la causa, y bendicen al nuevo gobierno. Concurren sin escases con quanto tienen, y sirven personalmente sin interés, y á porfía. Al conducir artillería se pegan 300 indios, y en hombros trastornan con ellos los cerros más encumbrados como si fuera una pluma y andan remisos pata tomar dinero, diciendo que es la vez primera que se les paga por servir al Rey. No han podido nuestros rivales hacerles formar ideas, siniestras de nuestra conducta. Con la diferencia, de que han tocado el desengaño bien encontrado, púes han experimentado de ellos el saqueo, que les hacían temer de nuesotros. Sin que nadie les mandase, los indios de todos los pueblos, con sus caciques y alcaldes han salido á encontrarme, y acompañarme, haciendo sus primeros cumpliendos del modo mas expresivo, y complaciente hasta el extremo de hincarse de rodillas, juntar las manos, y elevar los ojos, como en acción de bendecir al Cielo. En solo la carrera de Jujuy á esta Villa cuento con más de 3 mil indios de armas, á la vez que los pida. Creo suceda lo mismo en adelante: conozco que sus disposiciones son ventajosas, y que baxo la dirección de unos curas, cuya adhesión al nuevo gobierno, me es constante á excepción del de esta villa, sin que por eso encuentre variación en los sentimientos de los indios; no dudaré, que estos nos sean adictos sin violencia, y gratos por conveniencia, que les resulta de la mejora de su suerte.

El mayor general Balcarce, á quien solo puedo elogiar diciendo, que conocí su mérito y que me glorío de haberlo propuesto en Junta, para uno de los xefes de esta expedición, me toma por mediador para que en su nombre ponga á los pies de V. E. esa bandera tomada á los enemigos. Yo tengo el honor de aceptar un testimonio tan recomendable del primer oficial de nuestro exército, dirigiéndola por mano del Capitán de patricios D. Roque Tollo, á fin de que V. E. la destine á la sala del Rey D. Fernando con las que adornan su retrato.

—Dios guarde á V. E. muchos años.

—Quartel general de Tupiza 10 de noviembre de 1810.

—Excmo. Sr. Don. Juan José Castelli.

-—Exmo. Sr. Presidente y Vocales de la Junta Gubernativa del Rio de la Plata.

 

Por R. Mena Martínez Castro