Por Alejandro Pojasi

Batalla de Aroma, la victoria que abrió el Alto Perú

Fue encabezada por el coronel Francisco del Rivero y por Esteban Arze, patriota luego esencial de la gesta belgraniana
miércoles, 14 de noviembre de 2018 · 19:48

SALTA (Por Alejandro Pojasi) La Revolución de Cochabamba se suscitó el día 14 de setiembre de 1810 convirtiéndose en el primer estallido revolucionario producido en el Alto Perú (hoy Bolivia) luego de sofocados los alzamientos de Chuquisaca y La Paz del año 1809 contra las autoridades españolas del Virreinato del Río de la Plata.

En julio de 1810 partía de Buenos Aires con destino al Alto Perú un ejército de 1.200 hombres comandado por  Francisco Ortiz de Ocampo reemplazado luego por Antonio González Balcarce, el cual llevaba al comerciante Hipólito Vieytes, posteriormente sumariado y sustituido por el abogado Juan José Castelli como comisionado político. Integró también esta expedición prontamente Bernardo Monteagudo.

En su camino hacia Charcas le salió al encuentro el ex-virrey Liniers, defensor de Buenos Aires cuando las invasiones inglesas, le acompañaba un grupo de simpatizantes de la causa realista. Fueron derrotados y Castelli ordenó el fusilamiento de Liniers. En vista de estos hechos Nieto, presidente de la Audiencia de Charcas decidió pedir ayuda a Abascal, virrey del Perú, quien decide incluir nuevamente a Charcas en la jurisdicción peruana y enviar a Goyeneche para ayudar a sus regimientos.

El ejército auxiliar siguió avanzando desde Córdoba hacia el norte y salió de la ciudad de Salta en el propio mes septembrino penetrando en la quebrada de Humahuaca. Este avance tan decidido de la expedición estimuló a que el 14 de septiembre se produjera la  Revolución de Cochabamba. La insurrección fue liderada por el coronel Francisco del Rivero, quien con milicias del valle de Cliza derrocó al gobernador intendente José González Prada siendo proclamado jefe político y militar. Lo secundaban Esteban Arce y Melchor Guzmán. Días después, el 23 de citado mes se procedió en la plaza de Cochabamba y guarnición militar a la jura y reconocimiento de la Junta de Buenos Aires.

El 6 de octubre se produjo el pronunciamiento de Oruro, encabezado por el subdelegado de Hacienda y Guerra Tomás Barrón quien adhirió resueltamente a la Junta Gubernativa de Buenos Aires en sintonía con los intereses cochabambinos. Pero una partida llegada sorpresivamente bajo las órdenes  de un ministro contador José María Sánchez Chávez decidió resistir y apartarse encerrándose con los caudales junto con las escasas fuerzas veteranas solicitando ayuda al brigadier Juan Ramírez de Orozco.

A su vez, los revolucionarios de Oruro los cercaron y solicitaron ayuda a los de Cochabamba. Del Rivero envió a Oruro unos 2000 soldados al mando de Arce, 200 de ellos de infantería armados con fusiles de   estaño, 500 de caballería y el resto eran los cívicos urbanos al mando de Guzmán. Llevaban dos cañones de estaño, garrotes y hondas, divididos en 10 compañías, auxiliados por 174 indígenas que transportaban los pertrechos. El día 27 de Octubre se suscitó el bautismo de fuego en Santiago de Cotagaita y los regimientos revolucionarios debieron retroceder a Tupiza y luego a Nazareno – boliviano - Arce llegó a esa ciudad el 20 de octubre y reemplazó a Sánchez Chávez por el jefe patricio Manuel Contreras.

Luego de reforzar sus tropas con milicias locales, salió el 12 de noviembre junto con Guzmán y con 1.500 hombres mal armados al encuentro de las tropas realistas que el general Ramírez había enviado para sofocar la insurrección de Oruro al Teniente Coronel Fermín Piérola. Estas tropas, 450 infantes veteranos y 250 dragones con dos piezas de artillería no llegaron y se replegaron motivado por el triunfo patriota de Suipacha del día 7 del citado mes de noviembre.

 

La Batalla

El 14 de noviembre se produjo la batalla sobre un suelo muy accidentado, en donde la caballería cochabambina consiguió envolver a los realistas lo que culminó con el triunfo de Esteban Arce y la persecución del ejército realista en dirección a  la ciudad de La Paz fue insuficiente teniendo éste la mitad de sus fuerzas muertas o prisioneras.

Piérola intentó resistir en un sitio llamado Sicasica pero su ingreso en el pueblo fue impedido por sus habitantes. Continuó hacia Calamarca y luego  hasta Viacha en las cercanías de La Paz donde esperaba Ramírez de Orozco para contraatacar, quien repasó el  río Desaguadero con sus tropas y los caudales públicos al día siguiente ya mediados de noviembre. El 15 de noviembre este ordenó al coronel  Domingo Tristán y Moscoso que, en caso de que se produjera un levantamiento en La Paz, desalojara la ciudad con todo lo que pudiera salvar. Pasada la victoria continuó la persecución de los realistas, erróneamente las tropas milicianas cochabambinas se dispersaron, retornando sólo en grupos pequeños a Mizque y su origen.

En definitiva La Batalla de Aroma fue un triunfo obtenido en el Alto Perú por un ejército irregular de la Intendencia de Cochabamba compuesta también por el departamento de Oruro y adherentes a la Junta de Gobierno de Buenos Aires surgida en la Revolución de Mayo de 1810 sobre las fuerzas realistas fieles al Consejo de Regencia de España e Indias que nunca perdió la memoria activa de los sucesos sangrientos que le tocó vivir en el año1809 donde se perdiera tantas vidas de iniciales patriotas. Aroma o Arohuma (del aimar a Haru Uma), se ubica a orillas del río Aroma a pocos kilómetros de Sica Sica y al noroeste de Oruro.

Actualmente corresponde al Departamento de La Paz en Bolivia. Suele ser considerada como el nacimiento del Ejército de Bolivia.  Había transcurrido la victoria de Suipacha por parte de las tropas patrias una semana antes – 7 de noviembre - donde el ejército imperial español quedó muy perplejo, no vencido que el tiempo, tras dieciséis años de guerra demostraría con creces pues garantizaba un número de soldados de casi 20.000 hombres en el continente integrado con una treintena de regimientos fijos.

En los campos de Aroma –Cochabamba y límite de Oruro– se terminó al ejército realista del sur que abriría nuevos desafíos

 

POR ALEJANDRO POJASI