Por R Mena-Martínez Castro

In Memoriam, Jorge Corominas

En vida trató de organizar el desconcierto de muchas familias, que nada sabían de sus ancestros
sábado, 10 de noviembre de 2018 · 19:44

SALTA (Por R. Mena-Martínez Castro) - Hoy nueve de noviembre, transcurre el primer día de su desaparición, y con el correr de los tiempos se rendirá a no dudarlo, el homenaje más intenso y más sincero a este hombre que ha volcado su vida sobre la pasión innegociable de la genealogía.

Quienes le conocimos, asistimos con el corazón sobrecogido a esta ausencia irremplazable, de quien trató en vida de organizar el desconcierto de muchas familias que nada sabían de sus ancestros. Lo hacía con esa bonhomía y sencillez que le era tan característica, poniendo sus horas de trabajo en los archivos, al servicio de quienes lo solicitaban.

 

 

Él puso la semilla en esa tierra arada, quizá a medias, de sus trabajos inconclusos, para que quienes se interesaran, pudieran continuar su trascendental empresa. La genealogía es una ciencia algunas veces perfectible, y Jorge fue, valga la comparación, como ese árbol que con su sombra, y aún con la más pequeña de las ramas en su brotar, constituyen el alegre retoñar de su memoria. Entonces, ese reverdecer es lo que da sentido a las nobles vigilias de sus estudios.  El espíritu de Jorge renacerá fulguroso, en el silencio austero de los gabinetes genealógicos, y estará además presente en todas las vibraciones de quienes investigan la materia.    Fue destello y celebración del intelecto argentino, y además una evocación permanente surgiendo de cada una de las páginas de sus libros. Será a no dudarlo, una reverberación que guiará a las nuevas generaciones de genealogistas, a una resurrección permanente de su espíritu.

Su impronta de hombre  sencillo, quedará allí  sobre la turbulencia de los tiempos que corren, con su voz y su paso cansino, -irrepetible-,  como un hombre que ha triunfado sobre todos los vendavales de la vida, siempre de pie en la memoria de sus amigos

Se fue con esa paz silenciosa de los justos, y quienes conocieron su entraña velarán por siempre la eternidad de su sueño. 

La huella de su paso estará allí, contundente, como un solemne clamoreo, en la memoria perpetua de sus libros.

 

Por R. Mena-Martínez Castro