Por R Mena-Martínez Castro

12 de octubre: Día de la Raza

El día 12 de octubre de 1492, marca uno de los hitos más importantes en la historia del mundo
jueves, 11 de octubre de 2018 · 23:00

SALTA (Por R. Mena-Martínez Castro) - Es el año en que España concretaría su unificación peninsular con la toma de la ciudad de Granada en manos de la dinastía musulmana de los Nazaríes. Boabdil “El Moro” gran propulsor de las letras y de las ciencias en la España morisca, rendía su espada ante los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Es precisamente cuando decíamos se produce ese eje de bisagra que transformaría revolucionariamente, a todo el mundo conocido: El descubrimiento de estas tierras que pasarían a llamarse América, en homenaje al marino Américo Vespucio.

La gesta estuvo encabezada por el marino genovés Cristóbal Colón que, quizá partió de este mundo, sin tomar debida conciencia de la importancia que esto significó para la humanidad toda.

Salió de España y, como repiten incansablemente los manuales escolares, lo hizo desde el puerto de Palos, para luego de 72 días de sufrida navegación, donde la incertidumbre de cada legua hacía flaquear el ánimo de este pequeño contingente, Rodrigo de Triana descubre las tan ansiadas costas del nuevo mundo. En realidad pensaban que estaban en las Indias Orientales, que constituían el motivo del viaje.

Se estaba concretando en esa fecha, una amalgama nunca imaginada: la unión de dos mundos, la unión de dos culturas y razas diferentes, donde interactuaría toda la historia cultural europea y oriental, junto a los avances y riqueza de la cultura americana.

Fue al conmemorarse el cuarto centenario del Descubrimiento, cuando en España en el mismo Convento de la Rábida, un decreto real fechado el 12 de octubre de 1892, se expresaba el alto propósito de instituir el 12 de octubre, aniversario en que las carabelas de Colón llegaran a estos lares, como fiesta nacional. Es decir como la magna fecha de la esencia española.

Estando el doctor Hipólito Yrigoyen a cargo del ejecutivo nacional argentino se dictó el decreto por el cual se conmemoraba el 12 de octubre como Fiesta Nacional, más comúnmente conocido como “Día a la Raza”. Este decreto tuvo la virtud de aglutinar todas las voluntades de los países americanos, inclusive el de Estados Unidos de Norteamérica. Unía para siempre dos cosmovisiones diferentes, dando el primer paso hacia las pluralidades culturales, étnicas o raciales. Quizá la imbricación no haya sido del todo perfecta, pues aún se escuchan las voces altisonantes de los pueblos originarios de la tierra, reclamando sus derechos o denostando la conquista española. Quienes esto hacen es probable que no se detengan a pensar en que todas las conquistas implican hechos no deseados de violencia. Entre las comunidades aborígenes, también las luchas por la conquista del poder, significaron guerras cruentas, donde los pueblos sometidos pasaban de hecho, a la más miserable de las esclavitudes. Ejemplos tenemos en la conquista incaica sobre el valle de Calchaquí, donde los sacerdotes que entraron con las huestes españolas no tuvieron tiempo de consignar un diccionario de la lengua Cacán, erradicada en pocos años por la conquista salvaje de los incas. Fue suplantada de oficio por el quechua, y la corriente indigenista alza sus voces sin tomar en cuenta estos acontecimientos. Cierto es que se cometieron abusos que obligaron a las autoridades peninsulares de la época a mandar a sus Oidores, desde provincia de Charcas, para reglamentar en leyes, la cuestión de la servidumbre de los naturales. Todo esto no invalida la magnificencia de la epopeya de los conquistadores que derramaron su sangre en la empresa, y cuyos genes navegan en multitud de ciudadanos y funcionarios de las tierras conquistadas.    

Luego del descubrimiento pasarían vieintisiete años antes que los españoles asentados inicialmente en las Antillas, consigan conquistar uno de los grandes imperios del continente. Antes de 1519 los peninsulares en América, se limitaron a establecerse en varias islas del Caribe, desde donde lanzaron varias expediciones al continente, muchas de ellas fracasadas, con fuertes pérdidas de vidas y de haciendas. Durante el reinado de Fernando de Aragón que fallece en 1516, los españoles sólo logran establecerse en una pequeña región continental, llamada entonces con toda razón:”Tierra Firme” o el “Darién”, ubicada aproximadamente en el actual territorio atlántico de Colombia y de Panamá.

Respecto a la cosmovisión americana debe aclarase que la conquista española significó también una toma de conciencia para los naturales, que carecían de la idea continental de su tierra. Alguien dijo que el año de 1492, debería ser una conmemoración tanto el Descubrimiento como de la Invención de América.

Para el hombre de finales del medioevo, existían dos fuentes de autoridad para explicar el mundo que los rodeaba: la fe religiosa, con sus documentos fundamentales, el Antiguo y Nuevo Testamento, más la autoridad de la Iglesia y de sus padres. Por el otro lado estaban los clásicos griegos y romanos. Es natural que este acontecimiento sea tanto para conquistadores, descubridores y cronistas un mundo extraño, al que había que cotejarlo con el universo limitado de su propia cultura. El azoramiento se concretaba en que los indios no eran ni blancos ni negros, ni moriscos ni canarios, las únicas categorías raciales y de pigmentación conocidas en la Europa de entonces. El aborigen de América fue por momentos idealizado como el arquetipo de la pureza y la inocencia, es decir considerado como un ciudadano del Edén, y otras demonizado y dado a la pereza. Hubo un momento en que el Vaticano se vio obligado a dictaminar tras hondas reflexiones que los indios americanos eran hombres y que tenían almas a las que había de salvar.

Luego de este primer análisis sobrevendría la mestización que diera lugar a una nueva raza, como a todas las escenas de heroísmo entre conquistadores y conquistados, pugnando por establecerse en las nuevas tierras o bien pugnando por defenderlas a ultranza, como el modo más plausible de conservar su medio de vida.

Es mucho lo que habría para decir acerca de este encuentro de razas, pero volviendo a estos argonautas de 1492, no podemos menos que centrar este acontecimiento en la figura de Cristóbal Colón.

Los manuales de historia repiten hasta el agotamiento que era un genovés de humilde nacimiento. Su padre pertenecía a una familia de tejedores siendo su padre Doménico Colombo y su madre Susana Fontanarrosa. Casó en dos oportunidades la primera con Felipa Muñiz de Perestrello de la cual naciera su hijo Diego y la segunda con Beatriz Heriquez de Arana de la cual naciera su otro hijo Fernando. Su historia es por demás conocida de manera que sería redundante su mención.

 

En definitiva, el Día de la Raza fue instituido para afianzar los vínculos entre todos aquellos pueblos o países que tienen una lengua común, religiosa o de origen. En España bajo el reinado de Alfonso XIII se instituyó a este día como Fiesta de la Raza y Fiesta Nacional para todas las ciudades españolas. También se lo conoce como Día de la Hispanidad.