por Gladys Coviello

Caballos árabes en el imperio otomano

En la novela Solimán el magnífico, cuando éste aparece en las escenas cabalgando, su figura majestuosa es realzada por un caballo blanco.
miércoles, 09 de agosto de 2017 · 21:08

SALTA (Gladys Coviello) - El sultán regaló un ejemplar negro, magnífico a su amada Hürrem y ella lo bautizó con el nombre de “Amor”. El suspenso de la serie, que opaca a todos los demás programas, se nutre de guiones escritos con habilidad y a veces con morbo como sucede con el asesinato del caballo. El público queda atrapado por el dolor de la protagonista, motivo que enriquece su personalidad conflictiva. Termina el episodio y los televidentes saben que el animal no resucitará y quedan con la pena elaborada con premeditación: deben sufrir y gozar con los actores. Así, otros personajes relevantes son los caballos árabes que se lucen en las guerras o los paseos.

Fue un verano en Santa María cuando conocí un caballo peruano. Mis diez años se asombraron ante los movimientos rítmicos de sus cascos movidos en distintas direcciones antes de pisar la tierra con sus patas vendadas. Estas bestias hermosas son descendientes de los árabes que pasaron hacia España para llegar con los conquistadores hasta América.

Los caballos de paso peruano llevan un ritmo típico de velocidad intermedia, que es el trote en los demás caballos. Ese andar lateral a paso llano produce en la cabalgadura un suave balanceo horizontal y su desplazamiento armónico es innato en ellos. La raza está actualmente protegida por una ley desde 1992.

Cuenta una leyenda árabe que un beduino en el desierto se quejaba de desolación y miseria. Dios lo escuchó y apiadado llamó al Viento Sur y le dijo: “Tú no serás invencible ni impalpable, tendrás una forma y ocuparás

un cuerpo cuya belleza envidiarán todos los animales”. Luego comenzó la transformación y le adjudicó la fuerza del tigre, la velocidad de la pantera, la resistencia contra el cansancio del camello, el coraje del león y terminó sus patas en cascos con la dureza del sílice.

Le añadió la mirada del águila para el día y los ojos del leopardo para la noche. La memoria del elefante, la orientación del halcón que siempre regresa a casa y lo cubrió con un manto de pelos con la suavidad del plumaje de las palomas.

Le anunció al beduino que recibiría el mismo amor que manifiesta el perro hacia su amo. Terminó afirmando que portaría la belleza de una reina y la majestuosidad de un rey.

Con esas cualidades nació el primer caballo árabe que pertenece a una de las razas más reconocidas en el mundo. Desde entonces, los beduinos los introducen en sus tiendas para protegerlos del clima y ellos han desarrollado una relación de fidelidad y compañerismo que se transmite genéticamente. La reputación sobre su inteligencia, el carácter fuerte y la resistencia sobresaliente la tiene merecidas.

Se han encontrado restos arqueológicos que datan desde 4.500 años. El comercio y las guerras lo esparcieron por todo el mundo.

A diferencia con otras razas equinas, los caballos árabes se caracterizan por su perfil cóncavo y el aumento en la frente o jibbah que es una protuberancia en forma de escudo desde la testuz y atraviesa parte del hocico. Permanecen en estado de alerta con su cuello arqueado. Son rápidos para aprender y están siempre dispuestos a complacer a sus dueños. Poseen altivez, son veloces, ágiles, y resistentes. Estas bellas bestias despertaron interés en Occidente por adquirirlos cuando los conocieron durante las conquistas musulmanas y luego, cuando los aborígenes americanos los vieron, pensaron que formaban parte del cuerpo de estos dioses ignotos.

En su perfil cóncavo se destacan los ojos y fosas nasales grandes, la frente amplia, las orejas y el hocico pequeño. El manto es sedoso, fino y de brillo intenso. Su cuerpo es compacto y su estructura ósea está finamente cincelada, posee huesos sólidos con la característica que la diferencia de otras razas equinas por la ausencia de la última vértebra. Esto le permite levantar la cola y lucir su porte majestuoso. También en las costillas hay una variación que les posibilita resistir cabalgaduras de mayor peso. Mantienen la cabeza y cola siempre en alto, actitud que les añade singular elegancia.

Las líneas árabes permanecen en todas las razas derivadas que al mejorarlas le añadieron velocidad y altura. De ellos proviene el caballo “pura sangre inglés”.

Para mantener la perfección de la raza, los beduinos efectuaban una despiadada selección: los animales heridos o defectuosos eran sacrificados. Sólo los perfectos podían ser reproductores. Así obtenían veloces y perfectos descendientes.

Los caballos árabes fueron considerados como una actividad sagrada e inseparable de la cultura y de la fe por Mahoma.

Destacados

1-El sultán regaló un ejemplar negro, magnífico a su amada Hürrem y ella lo bautizó con el nombre de “Amor”. El suspenso de la serie, que opaca a todos los demás programas, se nutre de guiones escritos con habilidad y a veces con morbo como sucede con el asesinato del caballo

2-Le añadió la mirada del águila para el día y los ojos del leopardo para la noche. La memoria del elefante, la orientación del halcón que siempre regresa a casa y lo cubrió con un manto de pelos con la suavidad del plumaje de las palomas

3- Las líneas árabes permanecen en todas las razas derivadas que al mejorarlas le añadieron velocidad y altura. De ellos proviene el caballo “pura sangre inglés”.

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