opinión

José de Álzaga sobre el encuentro de Juan Manuel Urtubey, Juan Carlos Romero y Fernando Yarade

El prestigioso columnista del Semanario de El Intransigente opinó sobre las fotos que se viralizaron tras la reunión y sobrevuelo en campos militares
lunes, 25 de febrero de 2019 · 14:37

Amigo Lector: Confieso que me asalta la ternura ante la imagen del otrora recio “Júcaro”, ahora tocado con una barbeja y una mirada que me recuerdan al “Abuelito de Heidi”, montado en un helicóptero del mismo porte del que él supo hacer capotar contra el suelo en tiempos en que su brioso espíritu lo impulsaba a comandar aquella nave, la misma en que se traslada a sitios donde los mortales no llegan para capturar las mejores piezas de dorados que luego exhibía con orgullo. Claro, sin competencia, cualquiera es un campeón. 

Ahora, ya domado el espíritu por la edad provecta (vetusta, decrépita, para quienes no conocen la existencia del diccionario) el hombre levanta otros vuelos, esta vez para mirar desde los cielos el futuro recorrido de su obra más emblemática: la autopista oeste. Acompañado de un Fernando Yarade que ostenta la típica sonrisa que provoca el terror, un uniformado con unas gafas que recuerdan al defenestrado Noriega y un tal Emiliano, cuya expresión delata la frase que lo domina en ese instante “¿Qué estoy haciendo aquí?”. ¡Qué par de pájaros, los dos!”, decía la canción, de la cual me quedo con “Qué pájaros”. Vosotros entendéis. 

No menos intrigante –hilarante, diría mejor- es la fotografía que muestra la mesa presidida por el Joven “Juan Manuel”, que muestra que algunas virutas de disparatado le sobreviven, rodeado de un séquito de expertos alquimistas que más parecen ocupados en dilucidar el camino de la búsqueda del tesoro que en planificar algo conducente. ¡Ved las manos cruzadas de la mayoría en gestualidad de nada comprender! Militares tomándose la barbilla con expresión perdida –o pérdida de tierras, quizás-, y al quiróptero de Pablo Kosiner, que el último mapa que debe haber visto en su vida será el del secundario y no aprendió porque jamás votó a favor de un país federal, con lo que demuestra que para él, Argentina termina en la Avenida General Paz. 

Toda esta charanga organizada en torno de un atlas donde el “Joven Maravilla” pone su mano en acción de: “¡Esto es mío!”. Si van tardar en trazar esa ruta el mismo tiempo que demoraron para hacer “mi rulo a San Lorenzo" - la obra emblemática de 12 años de gobierno de Urtubey-  que gracias a mis lamentos tuvo que realizarla: os digo Juan Manuel, no te alcanzará el trazo de gestión que os queda. 

Bisoños que juegan al Estanciero con la tierra pública me devuelven a la memoria aquellas imágenes donde el rollizo Rubén Fortuny y el ex egregio Júcaro aparecían abalanzados sobre el mapa de unas tierras… creo que llamados “La Ciénaga” donde, como corresponde a todo pantano, algo olía mal. Sinceramente aspiro a que ese cónclave de novicios catastrales los salteños realmente obtengan la ruta que merecen. 

En fin, son estos tiempos donde los empresarios son políticos, los políticos se convierten en empresarios, los periodistas son psicólogos, los estudios diván y los curas librepensadores. Estos, ahora son geólogos, agrimensores, ingenieros y topógrafos. Como diría el filoso Diego Nofal: “¿Qué puede salir mal”?

 ¿Qué diré?, en mis campos las reses trazan sus rutas con mayor acierto, con menos complicaciones y siempre llegan al destino que desean. Podría recomendaros, Juan Manuel, alguna Holando Argentina que tal vez os ahorraría tanta reunión y sobrevuelo, además de contribuiros diariamente con algunos litros de leche. A mí la lactosa me provoca proliferación bacteriana, de modo que prefiero ir en busca de un “Versos 1891” (el jerez más exclusivo, sólo cien botellas en el mundo, para los que no han superado “el vino de la casa”), que además, su nombre calza muy apropiado a la situación que describo.

Hasta la próxima.