Judo

El deporte argentino y otro papelón

¿Puede una lesión dejar sin su beca a un deportista de primer nivel? La historia del judoca Emmanuel Lucenti demuestra que sí
martes, 05 de febrero de 2019 · 13:45

Salta (Redacción)-  La Agencia Nacional del Deporte podrá evitar un papelón mayúsculo si finalmente devuelve la beca al judoca tucumano Emmanuel Lucenti, quien fue dado de baja en diciembre por encontrarse lesionado. Entre 2017 y 2018, Lucenti se ubicó en el séptimo lugar de los mejores de la categoría de menos de 81 kilos, según la Federación Internacional de Judo. El año pasado, debido a lesiones en su espalda, mermó su rendimiento deportivo y entonces quedó fuera de la lista de “beneficiados”.

En las últimas horas, Diógenes de Urquiza, el titular de la nueva Agencia Nacional del Deporte, le aseguró que le será devuelta la beca. Lo que se mantiene como incógnita es si también se le devolverá la del ENARD y la obra social, que le fueron quitadas a través de un mail que le ingresó a su cuenta de spam.

Con este panorama, Lucenti viajará más tranquilo mentalmente a competir el próximo domingo en el Open de París, en Francia, y el 23 en el de Dusseldorf, Alemania. Lo esperan luego competencias en Rusia y Marruecos, que le servirán de puesta a punto para su objetivo de representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Tokio, el año próximo. “Espero salga todo bien en Francia y Alemania. Ya tengo los pasajes”, le dice, aliviado, a El Intransigente.

Nacido en Tucumán el 23 de noviembre de 1984, Lucenti viene de una familia del judo: su padre, Daniel, y su hermano, Rodrigo, incursionaron sobre tatamis. Emanuel tiene experiencia internacional. Ganó medallas en competencias panamericanas y se presentó en Juegos Olímpicos. En Panamericanos de judo sumó ocho medallas entre plata y bronce al competir en Buenos Aires, Montreal, Guadalajara, San Salvador, Edmonton y Panamá. Fue tercero en el Juegos Panamericanos de Guadalajara, México, en 2011. Su experiencia olímpica comenzó en Beijing 2008 y siguió en Londres 2012 y Río 2016. A sus 34, va por Tokio 2020.

“Literalmente, el 2017 fue el mejor año de mi carrera: gané el Grand Prix (en Cancún) y me mantuve entre los siete mejores del mundo. Después, como no pude mantener el nivel, el ENARD me pagó un solo viaje y los otros fueron bancados por mi cuenta. Al no tener los resultados esperados, el único apoyo que tuve fue un viaje a Costa Rica. Pero después tomaron una decisión sin leer mis informes ni preguntarme nada. Sólo me mandaron un mail diciendo que diciembre era el último mes que me depositaban. Ni me preguntaron qué me había pasado”, resume.

Porque, como contrapartida, 2018 fue un año particularmente duro. “Competí en varios torneos pero no de la mejor manera. Me costaba con el tema del dolor de espaldas. Pero ahora estoy mejor, al menos sin dolores, por lo que competiré en buenas condiciones, con un trabajo de varias semanas acumulado”, cuenta desde Tucumán, donde se entrena junto a un equipo de confianza y con el aval de la gobernación y de la firma Daedo, su principal sponsor. “Mi dolor de espalda venía desde hace tiempo. Lo sobrellevaba. Pero el año pasado, en enero, durante los primeros entrenamientos empecé a sentir dolores cada vez más fuertes. Quise competir pero ya no podía, cada vez me costaba más. No competía de la mejor manera. Entonces decidí parar. Pero ahora estoy trabajando mejor. Los dolores menguaron y mi preparación se acrecentó. Tenía cinco lesiones. Entre ellas, una hernia de disco y un edema óseo”.

“Después de la repercusión que tuvo mi caso me pude comunicar con Diógenes de urquiza. Me dijo que no estaba al tanto de mi situación ni sabía de las lesiones. Me dio la confianza de su parte de que hará todo lo que esté a su alcance para recomponer la situación. Al menos me dejarán una beca, la de la Agencia Nacional del Deporte. La del ENARD y lo de la obra social, se verá. Es positivo lo que pasó. Está bueno que no nos quedemos callados. Que se nos respete. Que podamos pelear por nuestros derechos”, dice Lucenti. Enseguida marca diferencias generacionales: “No sólo hay que apoyar a los más jóvenes. Si no también a los de más experiencia.  Porque los jóvenes necesitan de nuestra experiencia. En mi caso, ya tengo tres Juegos Olímpicos. El que quiera ocupar mi lugar tendrá que trabajar bastante, pasar por muchas cosas que nosotros, lo veteranos, ya pasamos”. En el mismo sentido, remarca que su situación puede revertirse, justamente, gracias a su experiencia: “Si no tuviese tantos años, o si fuera alguien que recién empieza, a lo mejor no se solucionaba nada”, plantea.

Lucenti perdió la cuenta de cuál es el presupuesto necesario para realizar sus actividades de manera profesional. “Creo que prefiero no saberlo, porque es algo carísimo”, suelta antes de destacar el apoyo de los tucumanos: “Mucha gente allegada que me ofrece ayuda desinteresada. Hay un quiropráctico, un gimnasio y un club de judo. “Por suerte contamos con la estructura suficiente. Que incluye una alimentación adecuada, porque soy alérgico a la lactosa y tengo que comer sin glúten. Es difícil, pero lo sobrellevo”.

“Siempre he sido un deportista amateur. Hasta hoy me considero amateur en un profesionalismo. Siempre competí sin esperar nada… Lo que busco es la gloria, superarme, llegar a lo más alto. Pero sabiendo que Argentina es un país complicado con el tema del deporte”, lamenta. Aunque luego: “Claro que nuestro país tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Pero siempre traté de seguir, porque gracias al deporte tuve momentos lindos y otros en los que tuve que pensar más en sobrevivir que en competir. Ojalá que la situación cambie. Ojalá que mi historia como deportista le sirva a alguien para que no baje los brazos. Porque se puede. Pero hay mucho que cambiar, mucho que mejorar. Como todo”.

Por suerte, Emmanuel Lucenti puede intuir un final feliz ante este problema del que no es ajeno ningún deportista amateur de una Argentina que cada vez relega más esta temática. “Soy un agradecido del cariño, la buena onda y el apoyo de la gente. Si no era por todo eso tal vez esto no hubiese llegado a las autoridades. Estoy contento, ahora. Agradezco a la dirigencia de que haya revertido un caso. Ojalá no sea el único caso que se revierta”. Ojalá.