por Ricardo Mena Martínez Castro

Dr. Francisco Narciso de Laprida: Presidente del Congreso tucumano de 1816

Fue amigo de San Martín y junto a él participó de la organización de Ejército de Los Andes que estaba formado por contingentes argentinos y chilenos
lunes, 10 de julio de 2017 · 11:12:00 p.m.

‏SALTA (Ricardo Mena Martínez Castro) - Este distinguido jurisconsulto saltó a la consideración de sus pares y de la historia, por haber presidido el glorioso Congreso reunido en la ciudad de Tucumán, por el cual se declaró la independencia de las Provincias Unidas de su metrópoli española. Nació en la ciudad de San Juan, el 27 de octubre de 1786 siendo sus padres don José Ventura de Laprida, español nacido en Asturias y doña María Ignacia Sánchez de Loria, perteneciente a tradicionales familias de la provincia y del país.

Francisco Narciso de Laprida nació en San Juan en 1786 y tuvo una dedicada educación.  Estudió en el Real Colegio de San Carlos en Buenos Aires, de renombrada excelencia educativa, para luego cruzar la cordillera junto con sus padres y otros familiares, para luego matricularse en el Colegio Carolino de Santiago de Chile. Allí se graduó de bachiller en Cánones y Leyes. Ulteriormente se inscribió en la Universidad de San Felipe, recibiéndose de licenciado y doctor en 1810.

 Luego de concluir sus estudios, en el año 1812 era escogido como Síndico Procurador del Cabildo de San Juan. Junto a José de San Martín participó en la creación del Ejército de los Andes, cuerpo integrado por tropas argentinas, más precisamente cuyanas y trasandinas, con soldados exiliados luego de la batalla de Rancagua, también conocida como el desastre de Rancagua, donde los patriotas chilenos  al mando de Bernardo O´Higgins fueran derrotados por las fuerzas españolas de Osorio. Entre los acontecimientos más importantes debidos al Ejército de los Andes, está la victoria de Chacabuco que le abrieran las puertas de Santiago de Chile y la consecuente llegada al poder del padre de la patria chilena Bernardo O’ Higgings. En 1815 fue enviado como diputado al Congreso

 Reiteramos que, la educación superior universitaria la realizó en la Universidad de San Felipe habiéndose graduado y doctorado el 29 de enero de 1810, año en que se formó la Primera Junta de gobierno, luego de la revolución del 18 de setiembre de 1810. Participó en el gobierno chileno, pero después de un año regresó a su San Juan natal, y en 1812 fue elegido para en cargo de Síndico Procurador del Cabildo.

La llave para entrar a su país fue precisamente la contienda de Rancagua. En el año 1816, fue elegido diputado por San Juan ante Congreso de Tucumán, donde también fue elegido Fray Justo Santa María de Oro. Le tocó presidir el Congreso en la sesión del 9 de julio, en la cual se declaró la independencia argentina. Fue electo Teniente de Gobernador en su provincia en 1818, y apoyó con donaciones los preparativos del Ejército de Los Andes. En 1820, fue designado para reemplazar al Gobernador José Ignacio de la Rosa. El tiempo estipulado fue de unos meses, pero, a pesar de haber sido muy breve su función realizó una excepcional obra de gobierno. También le cupo una actuación destacada durante la sublevación que se produjo en la provincia, habiendo desplegado una intensa labor de progreso.

Por aquel tiempo, su amigo de la Rosa, había sido condenado a muerte, es entonces que, para salvar a su amigo, penetra en la celda donde se alojaba vestido de sacerdote, ofreciéndole cambiar las vestiduras para que huyera. Este gesto magnánimo no fue aceptado. Fue asimismo destinado a Chile ante O’Higgins en calidad de comisionado. También fue ministro de gobierno y presidente de la legislatura.

El Congreso de Tucumán, al trasladarse a la ciudad de Bs As aprobó la Constitución del año 1819, que tenía como antecedente en las constituciones de Estados Unidos, Francia y en la española de Cádiz del año 1812. Fue un acendrado unitario   y algunos artículos suyos se incorporaron a las constituciones de 1826 y 1853 pues la constitución de 1819 tuvo una vida demasiado corta ya que su flexibilidad admitía el sistema monárquico constitucional que estaba en boga por aquellos tiempos. Como era de esperar esto produjo la repulsa de las huestes federales.

El unitarismo, luego de la muerte de Dorrego, comenzó un proceso de desintegración que motivara su vuelta a su ciudad natal- San Juan- La persecución emprendida por el caudillo federal Juan Facundo Quiroga le impidió asentarse en la ciudad y se alistó en el batallón “El Orden” con el grado de cabo. El mencionado batallón sufrió el ataque de las tropas federales del fraile Aldao en la localidad de Pilar cerca de Mendoza dando como resultado la infausta maniobra de Laprida que, en la huida, se introdujo en un callejón sin salida. Fue ultimado por los montoneros a lanzazos y puñaladas, aunque también existen otras versiones.  Lo cierto es, que tuvo la desgracia de ser asesinado por la montonera el 22 de septiembre de 1829. Sus restos nunca fueron hallados. Uno de sus descendientes Jorge Luis Borges recuerda a su antepasado en el poema Conjetural. Dentro de sus actividades políticas, diremos que fue miembro de la Logia masónica de Mendoza y luego de la de San Juan, alcanzando el grado de Venerable Maestro. Constituyó su hogar con doña Micaela Sánchez de Loria y Fernández. Según algunos historiadores la muerte miserable de Laprida tuvo la ignominia de ser enterrado vivo, dejando solamente su cabeza para ser aplastada por los caballos de los federales.

Así escribe Borges sobre Francisco de Laprida, diputado del Congreso de Tucumán: “Zumban las balas en la tarde última. / Hay viento y hay cenizas en el viento, / se dispersan el día y la batalla / deforme y la victoria es de los otros. / Vencen los bárbaros, los gauchos vencen. / Yo, que estudié las leyes y los cánones, / yo Francisco Narciso de Laprida, / cuya voz declaró la independencia / de estas crueles provincias derrotado, / de sangre y sudor manchado el rostro...”

“Yo, que anhelé ser otro, ser un hombre / (conjetura Borges acerca de Narciso de Laprida), de sentencias, de libros, de dictámenes, / a cielo abierto yaceré entre ciénagas; / pero me endiosa el pecho inexplicable / un júbilo secreto. Al fin me encuentro / con mi destino sudamericano”.

 

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